sábado, 7 de abril de 2012

Laços de Amor

Lazosdeamor - Mónica Alonso



"El amor depende del azar, porque sino, estaría programado en el inconsciente".
Siempre sirve, para efectos de quitar cierto peso a la rueda del mundo contemporáneo, valerse del recurso al lenguaje. Así, la lectura permite ubicar las paradojas del estilo y el sujeto bajo la égida de que no hay error del sistema. Ante un llamado de advertencia como aquellos en los avisos de prevención cotidianos, el hombre y la mujer logran no caer en franco pánico porque saben que hay "piso mojado", y que es resbaloso (puede serlo, dice la señal). Aún, cada quien encuentra que frena por sorpresa, y en Un nombre, para hacer con lo real.






. Astucia, palabra y contingencia
Si decimos que hay encuentro y se produce en la contingencia, y que el amor es suplencia de la no relación sexual, pensando en lo dicho en las clases del Atelier Clínico respecto de la astucia femenina: causar el deseo sin demandar, quiero tomar la intervención de un colega que al interrogar coincidió con lo que yo misma me preguntaba al respecto, y entonces poder pensar que la astucia no depende de la voluntad, como un punto esencial a descifrar en relación al amor, al partenaire y al síntoma.
Hay el saber hacer de una mujer en el encuentro que brinda una oportunidad, esto es, un saber hacer con el decir, de modo tal que resulte convocante para un otro, un hombre.
Si leemos a M. Goldenberg nos dice que "es en respuesta a las palabras del hombre (sin ambages), con el que ella debe haber acertado en la elección". O sea, están en juego el decir de ella y las palabras de él.
El encuentro producido por la astucia es un hecho de discurso no de voluntad.
Entonces si ante la contingencia se produce el encuentro en las palabras entre una mujer en posición femenina, que no esté melancolizada y un hombre que no esté ubicado del lado macho de las fórmulas de la sexuación, para que pueda hacer de esa mujer su síntoma y que además esté en condiciones de no permitirle a esa mujer convertirse en un futuro en una madre estragante porque ese hombre tiene los atributos necesarios para instrumentar la metáfora paterna, seguramente se habrá constituido una pareja feliz, o por lo menos una pareja posible.
La contingencia justa, los sujetos justos y palabras justas, ¡esa sí es una ocasión para hacer lazo!
Pero si el sujeto suele estar a destiempo, el mundo no funciona sino por el malentendido, la arbitrariedad significante posibilita el equívoco y según C. Soler, la contingencia es demasiado azarosa, me pregunto ¿cómo pensar dentro de lo posible hacer de la ocasión que abre la contingencia, la oportunidad de un encuentro que permita partenaire? ¿Y qué función cumplen la palabra y la astucia en ese movimiento?
C. Soler en La maldición sobre el sexo, dice que Lacan finalmente pregunta, ¿qué se quiere en una mujer?
El perfil, la silueta, la imagen, pero no sólo eso, porque el amor conecta al sujeto con algo distinto de la idolatría de la imagen.
Lacan ubica que es el decir el que causa el amor y el deseo. El amor depende del azar, porque sino, estaría programado en el inconsciente.
Entonces ¿cómo logra un hombre amar a una mujer? Por azar, lo que se dice, el encuentro en "buena-hora".
En Televisión hablando de la pareja dice Lacan "basta que en alguna parte la relación sexual deje de no escribirse, para que la contingencia sea conquistada como demostración de lo imposible".
Definición de Lacan "la contingencia es lo que deja de no escribirse y con eso se funda lo imposible de escribir"…y hace de respuesta a la maldición. (C. Soler.)
Un buen decir hace contrapeso al mal decir del lenguaje, del inconsciente como lenguaje.
Siguiendo a Miller, habría que tomar en cuenta las Condiciones freudianas en La Psicología de la
Vida Amorosa:
1. El tercero perjudicado, que plantea la interesante cuestión del derecho y el goce, a partir del cual la mujer en tanto es un bien de otro resulta interesante de tener para sí mismo, en tanto es propiedad de otro hombre, y esto le da valor como objeto en la vida erótica.
2. La Dirne, mujer no caracterizada por la fidelidad, más bien alejada del goce místico de la Virgen, ya sea porque está con otros hombres o porque muestra que goza sola con su soledad, siempre una mujer es infiel, es no-toda para el hombre.
Entonces pienso que la niña astuta que supo mostrar en palabras de cuantos bizcochuelos había gozado, está en una mejor posición para convertirse en una astuta Dirne en la edad adulta y obtener valor como objeto de amor en la vida erótica, que la niña astuta (que ahora me parece un poco melancólica) que muestra una pobrecita que no comió todo lo que quiso, y se quedó con las ganas, y en todo caso sí obtiene lo que quiere, pero es más de lo mismo, goce fálico, otro pedazo de bizcochuelo para ella sola, porque no lo compartió con nadie.
A veces la mejor estrategia femenina es retirarse del encuentro con un hombre que no pasa del lado izquierdo al lado derecho de las fórmulas de las sexuación (creo que eran así, o sea quiero decir, no esperar que sea posible un encuentro con el hombre que está ubicado del lado macho y no pasa al lado en que lo toca la castración). Si esto es lo que el azar le presenta a una mujer, conviene utilizar la astucia femenina en la contingencia y adherirse en ese caso a la proposición zaziena, y no darle valor a un hombre que no puede sostener su relación a la falta y mandarlo al carajo con todos sus semblantes.
Aclaro aquí que la expresión "me importa un carajo" es la traducción que da Miller de la expresión "mon cul", utilizada por Zazie en la novela de Queneau, expresión que se emparenta con "no tiene valor".
Y sin embargo muchas veces las mujeres, le ponemos valor a un hombre del que habría que pensar "no tiene valor", esto nos pasa a razón de la histeria mal llevada por el goce sintomático que hace signo y se cifra en lo que más adelante, les propongo pensar como función danaídica.
Continuando con la astucia femenina aparece claramente en la escena de Scoop donde una mujer que demostrando cuanto sabe nadar y cuanto ha nadado, es capaz de fingir que todavía no sabe hacerlo y poner en palabras que necesita ser salvada, cuando en verdad es capaz de salvarse sola. Además es a pedido de un tercero que convoca la atención de otro hombre, al que engaña como una auténtica dirne, para decirlo en la modalidad etnolinguística argentina del idioma español, "le finge bien de puta".
De todos modos, quedaría por ver las posiciones del encuentro con el amor al modo de Rousseau y al modo de Gide, que lejos de quedar en posición de desear a una mujer, en tanto bien de un otro, finalmente lo aman privadamente como el bien mismo, o sea identificados a la propiedad de otro hombre, identificados a la mujer.
Si escuchamos en la videoconferencia a E. Laurent, hablarnos sobre la posición femenina y su relación a la falta y con ella al deseo, el tema de la astucia femenina que vinimos desarrollando en el Atelier Clínico se va tornando cada vez más interesante como modo de hacer lazo en la azarosa contingencia, es decir, cómo una mujer puede ubicarse en relación al goce de un otro modo que el goce fálico, y esto es gracias a que a las mujeres no les falta nada.
E. Laurent nombra un punto central en la obra lacaniana, la paradoja de la posición femenina en relación al goce:
Por un lado como el goce femenino no tiene localización, las mujeres gozan más y como no hay el obstáculo del objeto, se sufre más de las fluctuaciones del deseo del otro.
"Las mujeres disfrutan más y son más angustiadas". Con esto, dos fantasmas se desdibujan lógicamente:
1. el supuesto masoquismo femenino es una fantasía del lado hombre, que quiere a la mujer como objeto de goce a su disposición
2. las mujeres sufrimos de las intermitencias del deseo del hombre preocupado por lo detumescencia posible del órgano.
El mítico Don Juan que se adscribe a la ética del soltero, aparece como impostor, como cualquier impostor, que niega la exsistencia de –phi, quiere hacerse eterno instrumento de goce del Otro, nos dice Laurent.
¿Qué quiere una mujer lacaniana? Ser particularidad del partenaire, relacionado con la falta, y proponerse como su síntoma. Si el shíntome es un modo de relacionarse al goce que no excluye el lazo social, el partenaire queda incluido, pero no es el goce, conecta este goce a un lazo social con otro, entonces es allí donde la mujer lacaniana ha conseguido ser síntoma para un hombre.
Recién entonces tenemos claramente un caso de astucia femenina. Una mujer lacaniana sabiendo que el inconsciente cifra y hace síntomas que necesitan descifrarse, ya que dada la forclusión del sexo no hay La mujer para el inconsciente, hay el hombre y el otro sexo, hace aparecer allí la condición de puta de cada una y para algunas aunque un semblante de un tercero (aunque sea el goce fálico), como estrategia para contrarrestar la maldición sobre el sexo que problematiza la pareja sexual.
Tal vez aquí la mentira histérica tenga valor en tanto que convoca al hombre a la rivalidad y al placer de gozar por transgredir la propiedad del Otro.
La astucia femenina permite construir un cierto enigma en relación al goce, que vía la insatisfacción le permite a una mujer lacaniana que sostiene las condiciones freudianas en la vida amorosa, ser no-toda para el hombre y en este restarse al estar, es decir al mostrar que goza sola aún siendo objeto de goce, de deseo y de amor de su partenaire, ser su síntoma.
Por otra parte está la astucia del lado hombre, que si se atreve a dejarse causar por una mujer, puede construir, sólo por el azar de querer controlar la contingencia, una suplencia llamada amor que le permita disfrutar de haber sorteado la maldición de pensarse un Don Juan. Estar a la altura de la contingencia y en el encuentro con la astucia femenina hacer poesía, palabras que funden un lugar para su objeto de amor, el lugar de lo necesario, el lugar de hacerla su síntoma.
"no te vayas por un minuto, bienamada, porque en ese minuto te habrás ido tan lejos, que yo cruzaré toda la tierra preguntando si volverás o si me dejarás muriendo".
Pablo Neruda
Cento sonetti d’amore
B. Privée o non privée (de la joie).
(privada ó no privada de la alegría)
En relación a la astucia y porque no al estrago, propongo tomar como una suerte de operador, al glanz, o brillo freudiano (que describe la fórmula lacaniana a/-phi) el brillo sobre la nariz porque esa nariz no existe.
En la perspectiva freudiana no hay otro sexo como tal, sí hay dos valores del otro sexo: la madre y la dirne (este vocablo significa en español la mujer que disfruta de ser puta y lo muestra) resaltándose la cuestión del valor (wert) que fluctúa entre rebajamiento y sobre-estimación del objeto de amor.
Sexualwert es la condición que cumple el otro sexo para conseguir ser significación del falo para un sujeto.
En la Contribución freudiana, el desciframiento es bajo la lógica edípica, el niño siente como infidelidad, que el padre goce de los favores de la madre, "tu madre no será toda para ti", con la doble interdicción paterna, introduce Freud, el no-toda de la mujer.
Y el esfuerzo lacaniano, dice J. A. MILLER ha sido separar la interpretación edípica de la interpretación fálica respecto del no-toda de la mujer (del falo como símbolo de goce y a la vez de pérdida de goce).
Con Freud aprendemos que en la posición masculina y en la femenina esos valores tienen diferentes destinos y diferentes modos de enlazarse a su objeto de amor.
1. Para el hombre, en su objeto de amor, debe haber algo de la madre y algo de la puta, porque sino la naturaleza del varón es separar el objeto de amor y el objeto de goce.
2. Para la mujer el modo de hacerse un lugar en el deseo del hombre, es a través de la necesidad de que haya una pérdida en el objeto de amor.
3. Y en ambas posiciones se da como rasgo universal: el rebajamiento.
Las corrientes afectivas freudianas son ternura y erotismo, y funcionan como los valores de cotización del objeto de amor.
a) desde la posición femenina como predominancia de la convergencia de amor y deseo en un objeto
b) desde la posición masculina como la divergencia de esos valores hacia dos objetos.
Nos dice Miller: El deseo decidido puede equivaler a la voluntad de goce, la perseverancia en el ser.
La Demanda siendo muda siempre le habla al otro, porque busca satisfacerse, en tanto impulsión es deseo decidido, deseo y voluntad de goce satisfecho astutamente, disfrutando de esto con placer, con el placer de saciarse y querer más y mejor placer del deseo satisfecho, sostenido por la insistente impulsión de lo que Eros como pulsión de vida demanda. El Deseo contrariamente y por naturaleza busca su insatisfacción, busca satisfacción más allá del principio de placer, en el goce hedonista y autístico, de la droga, el amor estragante, la melancolía, la ofensa, los autorreproches y todo cuanto maldito malestar proponga la insatisfacción jugando a favor de la insistencia de la impulsión de lo que Tánatos como pulsión de muerte demanda, seguir dando vueltas entre los pisos y la hipérboles del grafo de la subversión del sujeto, y seguir respondiendo a satisfacer la demanda del Otro.
Es así como un sujeto, que independientemente de cómo se ubique en relación al falo y en qué lado de las fórmulas esté, no brilla, es decir, queda opacado en lo estragante de responder a la demanda del Otro, estamos entonces hablando de una posición del sujeto condenado a morir, o por lo menos a mal vivir, de angustia, de repetición, de insatisfacción, de tristeza.
Los que por alguna razón lejana al infortunio ó tal vez, por lo que lo azaroso de la vida nos confrontó con la angustia de la existencia en las contingencias que muchas veces nos dejan sin palabras, aún siendo parlétres, somos lanzados desde los pisos del grafo al movimiento del psicoanálisis, y tenemos así la ocasión que nos brinda la oportunidad de escuchar y leer a Otros que saben brillar con sus palabras, para transmitirnos que hay opciones frente a los malestares de la vida, malestares que a veces nos obstinamos en defender, por eso que se llama goce sintomático. Empiezan y empezamos a preguntarnos qué tenemos que ver eso del mal-estar, ó sencillamente somos preguntados por el inconsciente que en su modo de cifrar lo que nos quiere decir, (que nos está gozando), nos despierta, ¡maldito inconsciente!, hasta que logra lo que quiere, es decir ser descifrado. Y en esto, vamos logrando descifrar el mal-estar que nos opaca para que brille el Otro.
La decidida demanda de la pulsión de vida, que demanda satisfacción toma las manifestaciones de las corrientes afectivas como recursos para hacer lazo bajo la forma de algo particular: saber hacer con las palabras en la contingencia para la consecución del deseo satisfecho con el placer concomitante y el bienestar que esto produce.
Me pregunto si para que ocurra en la vida real, el bien-estar en relación a un partenaire, a una mujer en la posición femenina no le corresponde tener como atributo un saber hacer al modo de lo masculino en la relación al objeto de amor. Que algo de la disyunción funcione en la elegancia de la histeria fálica que se detenta femenina puta y maternal, sosteniendo en esto su alteridad, lo que me parece ahora que puede tomarse como una suerte de disyunción, digo la alteridad del ser no- toda para un hombre, por histérica, por fálica, por madre, por puta.
Entonces nada es más apropiado en la posición femenina que no asegurarle al otro partenaire la convergencia de la ternura y la sensualidad. Y de algún modo pero siempre astutamente, saber ser el brillo que falta, (que le haga falta y que no le pueda faltar) que hace desde la lógica del no todo, que una mujer pueda en este movimiento de la divergencia "brillar por la falta" detentar sus atributos fálicos en el punto de la insatisfacción en relación al goce, para que nuevamente la demanda busque su satisfacción haciendo lazo con el placer.
Nos enseña Lacan que "solo el amor hace condescender el goce al deseo"
Si pienso la frase desde el deseo como por naturaleza insatisfecho y para subsistir en tanto tal, entonces pienso que el amor de algún modo, que no comprendo bien todavía, obtura la posibilidad de hacer lazo, porque si para amar hay que renunciar al goce de la satisfacción del deseo decidido satisfecho, no me parece que se pueda hablar más que en términos de una relación estragante, y entonces ahora pienso que se trata claramente del estrago de amar lo que opaca, porque allí, en esa posición de sumisión, se está para satisfacer a la pura demanda del Otro, no para ser su síntoma sino solamente objeto de su goce, que sería al modo hamlético en relación al falo y al deseo, sin hacer lazo.
Así como Lacan nos habla de la función hamlética para la duda obsesiva, les decía, haciendo una lectura clínica del Mito de las Danaides, pienso que se podría hablar de la función danaídica para referirse a la constante insatisfacción del deseo en la histeria como sacrificio de goce y fuga constante de la satisfacción pulsional, en la condena de no hacer lazo.
Así, lo que llamamos estrago se relaciona con un modo de bascular entre demanda como voluntad de goce y deseo insatisfecho, desde la posición masculina por la función hamlética y en la posición femenina por la función danaídica.
El lugar de verdad que el objeto amado adquiere por el enamoramiento, se transforma en la modalidad estragante del amor en el lugar del censor que no ha lugar a la disparidad, el censor que pide sometimiento al sujeto, el A que pide la sumisión a su deseo y quiere solamente al partenaire como objeto de goce.
Ahora si pienso la frase desde el deseo decidido como la voluntad de gozar, me parece que recién ahí se puede pensar el amor por fuera del goce autoerótico, el amor que busca a un otro y hace lazo al poner en juego las corrientes afectivas (strómung) con la astucia de la lógica del no-todo. Es recién en este movimiento que se logra (ya que nada predeterminado lo conseguiría, claramente ni la biología ni la cultura ni la voluntad) tener un lugar en el otro, ser su sínthome, sostener el semblante de ser objeto causa de su deseo y con esto también ser objeto de goce y por esto ser amado, por saber hacerse significación del falo para otro sujeto.
Hacer lazo es producto de una conquista.
Para esto es necesario que el partenaire goce del lado derecho de las fórmulas, y funcione como una suerte de garantía o testificación de la identidad del sujeto, en tanto lugar de la crítica que le da el enamoramiento, y haga al objeto amado satisfecho en su autoestima, aunque lo rebaje para relanzar las vueltas por los pisos del grafo.
O sea aún siendo varón tener una posición femenina respecto al falo, en las antípodas del Don Juan Macho.
No hay amor sin satisfacción de la pulsión, y sin el delicado equilibrio entre Eros y Tánatos.
Y hay algo que ocurre y quiero destacar porque es notorio por su diferencia, por qué no está o está, así de claro resulta a saber en la modalidad estragante o la modalidad astuta en la relación a un partenaire en el amor, y es lo que el diccionario nos enseña a todos si buscamos el significado de la palabra Gozar: tener gusto y alegría de poseer una cosa, sentir placer. Resalto alegría: gozo, satisfacción, grato y vivo movimiento.
Es lo que no puede no estar en relación al amor como señal del bien-estar de un sujeto con su partenaire: la alegría. Tomar la alegría como un valor tiene que ser decisión de un sujeto que astutamente no soporte el mal-estar estragante de quedar en situación de privación respecto al partenaire en el amor, porque allí no se brilla.
Siendo que tantas veces en mi narración nombré los pisos del grafo, tanto recorrido por allí me hace presente la excelente pregunta que el astuto J. Lacan nos dejó escrita en el segundo piso del grafo, el piso superior, el piso del deseo: ¿Qué me quiere? Che voui? Y que seguramente estuvo dirigiendo lo que pude escribir en relación a qué lugar tienen la palabra y la astucia con el saber hacer en el azar de la contingencia para que un encuentro sea posible.
Che voui? Privée de la joie? Privée mon cul! On ne peut pas briller!
¿Qué me quiere? ¿Privada de la alegría? ¡Privada me importa un carajo! ¡no se puede brillar!
Che voui? Non privée de la joie? Cést un plaisir! On peut briller! Jouissons, nous avons fait un noeud!
¿Qué me quiere? ¿No privada de la alegría? ¡Es un placer! ¡Se puede brillar! ¡Gocemos, disfrutemos, nosotros hicimos lazo!
Es decir, gozamos con el partenaire porque disfrutamos de haber sabido sortear astutamente, uno y el otro la maldición en la contingencia, cuando podemos detentar con alegría que hicimos un nudo, un noeud, un lazo, lo que en el título de mi trabajo llamé "Lazosdeamor".
Lazosdeamor: entre un hombre sin ambages (sin dar vueltas por los pisos del grafo al modo hamlético) y una mujer lacaniana (que puede brillar por su falta, en lugar de taponarla al modo daníadico).
Nuevamente recurro al diccionario y lo que me resulta interesante de la significación de la palabra lazo es que designa: 1. unión, vínculo, obligación.; 2. nudo hecho de tal forma que se desata con facilidad; 3. y a su vez tiene la acepción: caer uno en el lazo, ser engañado con algún ardid.
Creo que se puede leer claramente en la semántica el papel que juega la astucia en la construcción de un lazo, y también que la facilidad con que puede desatarse nos habla de que finalmente uno siempre goza solo, aunque por amor, se incluya en el goce al partenaire, y es por esa misma facilidad con la que puede destacarse que el amor es azaroso y transitorio.
A diferencia de la significación de la palabra nudo: lazo hecho de tal forma que cuanto más se tira de sus cabos más se aprieta y se cierra.
Y más encierra al sujeto en el nivel de responder a la demanda del Otro, en el estrago del Goce Otro.
Se puede pensar entonces, por lo menos en el idioma español, que: lazo y nudo, los dos son nudos, pero sólo en uno de ellos podemos disfrutar con alegría.
"Defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas, defender la alegría como un principio, defender la alegría como un destino"
M. Benedetti
 
Bibliografía
Seminario Atelier Clínico EOL. Clases. M. Goldenberg, D. Chorne y otros.
De astucias y estragos femeninos. M. Goldenberg.
Video Conferencia Biblioteca Nacional. E. Laurent.
Los signos del goce. Cap. XVI. J. A. Miller.
Las lógicas de la vida amorosa. Segunda Conferencia. J. A. Miller
De la naturaleza de los semblantes. Cap IX J. A. Miller.
La maldición sobre el sexo. C. Soler
Algo peor que un síntoma. M. Tarrab.
Cento sonetti d´amore. SonettoXLV. P. Neruda.
Defensa de la alegría. M. Benedetti.
Mito de las Danaides.
Hamlet, un caso clínico. Lacan.http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/003/template.asp?arts/aplicaciones/alonso.html

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