quinta-feira, 30 de maio de 2013

¡NO PODEMOS MÁS CON EL PADRE!




From: Lacan Cotidien 317

¡NO PODEMOS MÁS CON EL PADRE!
Jacques-Alain Miller lee Une semaine de vacances
Fragmentos, seleccionados y establecidos por Christiane Alberti, de la intervención de J.-A. Miller el sábado 20 de abril, durante las conversaciones, lecturas y proyecciones animadas por Christine Angot en el Teatro Sorano de Toulouse, del 18 al 21 de abril de 2013. El acontecimiento fue filmado y será retransmitido por La Règle du jeu.
Une semaine de vacances1 muestra que no podemos más con el padre. Lo leí como un apólogo de nuestros días, un apólogo de nuestro hartazgo del padre. Nos hace entender por qué tenemos que salir del reinado del padre. El padre, esa plaga, está fuera de uso, está obsoleto. El padre incestuoso es un personaje bien conocido en literatura, pero aquí se trata de otra cosa: es la novela del padre en tanto lo imposible de soportar. A ese título, él es real, un efecto de sentido paradojalmente real. “Ella” (pues en esta novela los protagonistas son designados sólo por los pronombres “él” y “ella”) gira alrededor de ese real, está completamente orientada hacia él. El girasol es un heliotropo, ella está mostrada como “paternotropa” hasta el eclipse del padre al final de la novela. Es la novela de lo que Lacan llamaba la père-version, la pendiente, el tropismo hacia el padre.
¿Cómo desembarazarse del padre? ¿Es posible deshacerse de él? Es la pregunta de Lacan, constante. Su punto de partida fue el Nombre-del-Padre, puesto en función, del Seminario 3 al Seminario 4, para dar cuenta de las psicosis, las neurosis y las perversiones, no de lo que sería lo normal. A partir del Seminario 6, es sensible que el concepto de deseo desplaza las líneas del Edipo. Ese seminario que data de medio siglo, El deseo y su interpretación,2 es contemporáneo de Une semaine de vacances.
El deseo no tiene nada que ver con el instinto, guía de vida infalible, que va directo al fin, que conduce al sujeto hacia el objeto que necesita, el que conviene a su vida y a la supervivencia de la especie. Incluso si busca su partenaire en la realidad común, el objeto del deseo se sitúa en el fantasma de cada uno. El Seminario busca explicitar la dimensión del fantasma: a ese nivel, hay entre el sujeto y el objeto un “o bien – o bien”. Al nivel de lo que se llamó el conocimiento, los dos, sujeto y objeto, están adaptados el uno al otro, hay coaptación, coincidencia, incluso fusión intuitiva de los dos. En cambio, en el fantasma, no hay acuerdo, sino un desfallecimiento específico del sujeto ante el objeto de su fascinación, un cierto quedarse sin aliento. Lacan habla del fading del sujeto, del momento en el que no puede nombrarse. Está representado en la novela por el hecho de que las personas no son nombradas, quedan anónimas, y la cualidad de padre y la de hija sólo son expresadas de la manera más fugaz. Hay solamente la famosa “diferencia de los sexos”.
Hay en el Seminario una frase que dice: “El pudor es la forma regia de lo que se acuña en los síntomas de vergüenza y de asco”. Entendemos que el pudor es la barrera que nos detiene cuando estamos en el camino de lo real. Une semaine de vacances va más allá de la barrera del pudor, y avanzamos hacia la zona donde es habitualmente el síntoma el que opera, por la vergüenza y por el asco.
Ahí, encontramos un padre, el “él” de la novela, que odia el deseo: lo que lo ocupa, es el goce. Lo medimos por lo que provoca su eclipse al final: “Ella” le cuenta un sueño, o sea un mensaje de deseo a descifrar, y en seguida el humor de “él” cambia: está indignado, contrariado, furioso, se calla, se enfada. El deseo, bajo la forma del sueño, arruina la fijeza de su goce. Fijeza que soporta la repetición, de la que Camille Laurens explora por otro lado sus poderes. Aquí, el goce retorna como una melopea insistente. El clivaje entre deseo y goce se vuelve palpable, el goce es una brújula infalible a diferencia del deseo.
El padre manifiesta su voluntad de transmitir un ideal, juega al superyó. Los limites del pudor son franqueados y, al mismo tiempo, son restituidos bajo una forma irrisoria a nivel del vocabulario –el padre da la lección del bien decir dando la de la perversión.
Estamos en la fase de la salida del la edad del padre. Si hay un libro que me dio el sentimiento de la manera más viva, es Une semaine de vacances. Es el emblema de lo que estamos viviendo.
Freud salva al padre, aunque según Lacan el padre es para interpretar en términos de perversión. Vemos bien en el
Seminario 6 que el Edipo no es en absoluto la solución única del deseo: es su forma normalizada y su prisión. El Edipo es patógeno.
Une semaine de vacances reactualiza ese avance del Seminario de Lacan. El deseo de “Ella” se emancipa a favor del mutismo y de la cólera del padre. Ella se encuentra al final de la novela en una estación, donde el único elemento familiar, heimlich, es su bolso de viaje. El texto termina con estas frases: “Ella lo mira. Y le habla”. El bolso de viaje viene al lugar del padre, como un objeto a. Es allí donde ahora encuentra su dirección, ahí donde se aloja el sujeto supuesto saber. Es su bolso de viaje el que le interpretará su sueño.
1 Angot Ch., Une semaine de vacances, Flammarion, 2012.
2 Lacan J., Le Séminaire, livre VI, Le désir et son interprétation, texto establecido por Miller J.-A., La Martinière & Le Champ freudien, aparecido en junio de 2013. 
 From: Lacan Cotidien 317

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