domingo, 26 de maio de 2013

Interverción de Eric Laurent sobre la ley del matrimonio igualitario. Con el deseo de cada hablante Por Eric Laurent






La Declaración que venimos de firmar, -seguida de manifestaciones hostiles al proyecto de Ley sobre el matrimonio para todos y la modificación de los estándares de filiación por venir-, menciona que le corresponde a cada ser hablante encontrar las vías de su deseo, que son singulares para cada uno, tortuosas, y marcadas de contingencias y desencuentros. Ella admite la torsión general de lo que hace comunicación para los seres hablantes (parletres).

Las lecturas propuestas (por algunos) sobre la experiencia psicoanalítica y la enseñanza de Lacan como justificadoras de una "invariante antropológica" son particularmente escabrosas. Ellas realizan lisa y llanamente una lectura al revés, de una servidumbre a fines conservadores, de toda la puesta al día por Lacan de los "Nombres-del-Padre", en plural. Al comienzo, Lacan visualizó una extensión del dominio del Nombre-del-Padre en el contexto de las familias divorciadas de los años 30'

El divorcio y el Edipo

Es aberrante constatar que aquello que, en 1938, antes de la restauración de Pétain, en sus Complejos familiares (Artículo de J. Lacan), en plural, donde apreciaba de manera crítica el aporte freudiano del "Complejo de Edipo", se encuentra hoy tomado (por algunos) como garante de un orden inmutable. Aquél que abogaba por la complejidad de las familias, divorciadas y recompuestas insistiendo que ellas eran, "formadas por la razón", se encuentra hoy incluido (en una lectura desviada) como garante de una forma única de presentación de la diferencia sexual.

El deseo y las familias

Lacan no era de aquellos que se afligen por un pretendido relajamiento de los lazos familiares. El subrayaba más bien que dicho relajamiento es de hecho una complejización del lazo, por integración de los más altos progresos culturales, incluidos la igualdad de los derechos entre el hombre y la mujer. El desarrollo de su obra va a hacer de la mujer, otro Nombre-del-Padre, afirmando una igualdad más allá de la diferencia sexual. Desarrollaré este punto en otras crónicas, pero por el momento, me es suficiente señalar esta igualdad compleja.

Relaciona entonces, el nacimiento del psicoanálisis al contexto de declive social de la "imago" del padre. Eso no legitima ninguna perspectiva de "restauración", sino por el contrario la ubicación del verdadero lugar del padre. En el dispositivo freudiano, leído con cuidado, el padre no es un garante antropológico, él viene a encarnar el carácter transgresivo del deseo singular contra los imperativos morales comúnmente admitidos, que pretenden definir "la razón" de vivir la pulsión. El padre separa por su deseo, si es aceptado, a la madre de su relación exclusiva al niño. El encarna la pluralidad de los goces.

Lacan fundó también en la razón freudiana la suerte de los padres divorciados que fueron pioneros al romper con el orden moral. El divorcio, en efecto, restauró en la institución jurídica la primacía de la elección de pareja sobre el orden familiar y la filiación. Es lo que en inglés aparece claramente en la oposición entre matrimonio y familia.

Ocuparse de los objetos (a)

Treinta años más tarde, después de 1968, en su "Nota sobre el niño", Lacan precisó en la misma línea que el padre da nombre a una encarnación de la ley en el deseo.

Aquellos que nos fastidian con la "invariante antropológica" leen al revés esta expresión. Hacen una "sublimación del deseo en la Ley", supuesta natural para hacer buena medida. Dicho de otra manera, leen la función del padre como una normalización del deseo. La madre sería la pulsión, el padre la Ley. Esta lectura es absurda. La separación, la diferencia de la cual se trata, es que el Nombre-del-Padre, función de la cual una mujer debe ser portadora, inventa una manera de ocuparse de los niños de la madre, sus "objetos (a)", para inscribirlos en la ley común, inmanente. Aquello que está fechado en 1968, debe sin embargo actualizarse con las parejas LGBT.

Los debates por venir

Nuestra declaración marca un comienzo. Después del voto de la ley sobre "el matrimonio para todos", y hasta el examen de la Ley sobre la familia, numerosos debates van a sucederse en la sociedad francesa. La querella sobre el padre se desarrollará. Esa será la ocasión de precisar nuestra posición. ¿De qué es el padre encarnación? ¿De una monotonía invariante, donde el nombre de una invención, de la razón de una época, cubre las contingencias de la relación de los sexos?

Publicado el 13 de enero de 2013, en Lacan quotidien nº 270

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