domingo, 6 de outubro de 2013

Parménides, de Platón

Soledad Bertrán

Referencia presentada en el Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de enero de 2009.

Resum

El trabajo que se presenta a continuación explica el desarrollo teórico del Parménides de Platón acerca de la Teoría de las Ideas y la problémática del Uno con sus nueve hipótesis. Lacan reflexiona sobre este diálogo en el Seminario Encore sosteniendo "Ese Uno con que todos se llenan la boca es de la misma índole que ese espejismo del Uno que uno cree ser". Miller toma dicho texto como un ejercicio de lógica para ocuparse de la identificación en psicoanálisis; nos muestra algo de la estructura del lenguaje y algo de la estructura del sujeto del inconsciente.

Paraules clau

Teoría de las Ideas, el Uno, los otros, la identificación, la falta en ser.

1. Platón y el Parménides
El Parménides, escrito en torno al 368 a.C., es considerado como uno de los diálogos de vejez de Platón (quien muere en el 347 a.C). En él se lleva a cabo el "ejercicio dialéctico" que utilizaba el filósofo para examinar sus hipótesis, entablando una discusión entre distintos personajes para reflexionar sobre las condiciones de la afirmación y la negación de una misma hipótesis.
El texto cobrará su máxima importancia en la época helenística, y se convertirá en el diálogo predilecto de los neoplatónicos y en el antecedente de la teología negativa medieval, inspirada directamente en el neoplatonismo. Tendrá además una gran influencia sobre la filosofía de Hegel, quien dirá que la mitad de su propia lógica podía encontrarse en el Parménides1.
Platón, mediante este diálogo, expone una aparente autocrítica de su teoría de las Ideas. Esta teoría afirma la existencia de dos órdenes: el inteligible, formado por las Ideas, y el sensible, formado por las cosas, comprendidas como imágenes de esas Ideas cuya esencia es inteligible; en este escrito las objeciones de los personajes apuntan a que si se mantiene el supuesto de las Ideas como entidades en y por sí mismas, separadas de las cosas sensibles, la relación entre ambas se problematiza.
En efecto, Platón concibe la Idea como autorreferencial, autopredicable: la Justicia es justa, la Belleza es bella, y no pueden tener otro predicado que el que le pertenece esencialmente. Pero las objeciones que se plantean en el Parménides es que todo logos es siempre un logos según participación: sólo las Ideas serían propiamente nombrables, porque las cosas lo serían por uso derivativo.
Finalmente, la unidad es el fundamento de la realidad de las Ideas: el Uno es el elemento en el que se constituye la Idea, por lo que la segunda parte del texto analiza dos hipótesis generales: si el Uno es y si el Uno no es. Se extrae pues del diálogo la lógica de la unidad como condición del conocimiento; las Ideas se conciben como las auténticas entidades de las cosas, como principio de su realidad y conocimiento, y el Uno como el elemento fundamental de toda realidad.
2. El texto.
Este diálogo es narrado por Céfalo, quien llega a Atenas para escuchar un relato sobre la discusión que habrían mantenido Sócrates, Zenón y Parménides en torno a las ideas de Zenón, en ocasión de las fiestas panatenaicas; aunque los especialistas consideran que este diálogo es una ficción literaria, las fiestas sí tenían lugar, cada cuatro años, en Atenas, que se convertía en lugar de encuentro de gentes de toda Grecia.
Primera parte: la teoría de las Ideas.
La primera parte contiene dos actos: en el primero, los argumentos de Zenón sobre la imposibilidad de que el ser sea múltiple son refutados por Sócrates mediante la teoría de las Ideas; en el segundo, es esta teoría la impugnada por el personaje Parménides, quien pone en cuestión la relación entre las cosas y las Ideas.
Se inicia pues una discusión con Zenón, a quien Platón consideraba un sofista, el gran maestro de los discursos dobles, de la dialéctica como técnica de reducción al absurdo. Sócrates se sorprende de que Zenón niegue que lo múltiple exista, y lo compara con Parménides, quien afirma que el Todo es uno; el primero niega la multiplicidad mientras que el segundo afirma la unidad. Sócrates les responde que las cosas son unas por participar de la unidad y múltiples por participar de la multiplicidad. No es sorprendente ser uno y múltiple: lo sorprendente sería que estas oposiciones que se dan en las cosas sensibles se dieran en las Ideas mismas, en las cosas que captamos por el pensamiento.
Se introducen a continuación las objeciones que hace Parménides a la teoría de las Ideas; si Sócrates defiende que las ideas son objetos de pensamiento ya que sólo pueden ser captadas y conocidas por él, Parménides sostiene que las Ideas no pueden existir entre nosotros, ni podemos conocerlas. Por ello, concluye, no basta con suponer que algo es y examinar las consecuencias que se siguen de esa hipótesis, sino que también hay que suponer que eso mismo no es.
Segunda parte: la problemática del Uno.
Platón nos introduce en la segunda parte del texto, donde el personaje Parménides, discutiendo con Aristóteles, expone las nueve hipótesis del Uno. Las cinco primeras versan sobre el Uno en relación a sí mismo, al ser, y a los Otros, mientras que las cuatro últimas exponen la hipótesis de que el Uno no es, y lo que se sigue para él y para los Otros.
Para desarrollar las premisas Platón toma, como elementos a aplicar al Uno, la multiplicidad y la unidad, el reposo y el movimiento, lo idéntico y lo diferente, y la temporalidad; así, para la primera hipótesis, "Si el Uno es uno" , plantea que si tiene que ser uno, no podrá ser un todo ni tener partes; será además ilimitado, no estará en reposo ni en movimiento, no será semejante ni desemejante, ni estará en el tiempo. El problema es que si no está en el tiempo no participa del Ser, lo cual le lleva a pensar que "el Uno no es" y preguntarse si esto es posible. Introduce así la segunda hipótesis: "Si el Uno es". Aquí se plantea, no ya que el Uno sea uno, sino que el Uno sea; el ser y la unidad no son, pues, lo mismo. Y la tercera hipótesis, "Si el Uno es y no es", abre otra posibilidad: que en ciertos momentos participe del Ser y en otros no.
A partir de aquí, la cuarta y quinta hipótesis plantean qué serán los Otros en relación al Uno: en el caso de que el Uno sea, los Otros no están totalmente privados del Uno, sino que de algún modo participan en él; en el caso de que el Uno sea Uno, los Otros estarán enteramente privados de la unidad.
Las últimas hipótesis concluyen que si el Uno no es, no hay ninguna determinación; por ello Parménides pregunta: "¿no hablaríamos con verdad si dijésemos, resumiendo: si el Uno no es, nada es?". "Enteramente", responde Aristóteles.
3. El Parménides en Psicoanálisis.
En el Seminario Encore, Lacan introduce sus reflexiones sobre el Uno vinculadas al amor: el amor -pregunta- "¿es hacerse uno? ¿Es el Eros tensión hacia el Uno?". Y recuerda a su auditorio que el enunciado "Hay Uno" sustentó su discurso el año anterior (en el seminario ... ou pire), de donde se extrae que el Uno sólo depende de la esencia del significante. De lo que se trata es de lo que configura al Uno, de la pregunta por la identificación; y de ahí el interés por el Parménides.
En el capítulo que nos ocupa -"El amor y el significante"- tomamos esta referencia de la página 61 de la edición en castellano: "Ese Uno con que todos se llenan la boca es de la misma índole que ese espejismo del Uno que uno cree ser. Esto no quiere decir que no tenga más horizonte. Hay tantos Unos como se quiera; que se caracterizan cada uno por no parecerse en nada, véase la primera hipótesis del Parménides ("Si el Uno es Uno").
En su seminario sobre Los signos del goce2, Miller comenta el interés de Lacan por el Parménides, cuya lectura recomendaba a su auditorio. Pero su doctrina sobre este texto sigue siendo de algún modo secreta, y por ello, dice, una especie de desafío. Miller lo toma como un ejercicio de lógica para ocuparse de la identificación en psicoanálisis; sostiene que el texto nos muestra algo de la estructura del lenguaje y algo de la estructura del sujeto del inconsciente: trabaja pues las hipótesis sobre lo Uno, porque sin lo Uno no se puede "pensar ni plantear ni operar con el sujeto en el psicoanálisis"; y parte del "hay de lo Uno" introducido por Lacan, que se distingue de "hay lo Uno" en tanto no prejuzga nada del sujeto, no se prejuzga que sea uno.
El Parménides despliega un ejercicio lógico, pues versa sobre el logos, sobre lo que supone el hecho de hablar; versa sobre la función y el campo de la palabra y del lenguaje, que permiten decir que "hay de lo Uno": hay de lo Uno porque hay lenguaje y hay palabra, y porque ambos dependen del ser.
Termino con una cita (de la página 97 del seminario): "El Parménides despliega a modo de entretenimiento las paradojas que en el análisis se presentan de manera menos divertida, porque lo que se pone de manifiesto en el síntoma, y más radicalmente, en esa falta en ser que constituye todo lo que tiene de ser el sujeto del significante, es que el neurótico se aferra a su propio sufrimiento dado que su diferencia, su falta en ser, es todo lo que tiene para justificar su existencia". El sujeto se entiende así como una "unidad de pura diferencia": Uno es uno y ninguna otra cosa; ahí se reconoce el primer Uno del Parménides.

Notes

  1. Guillermo R. De Echandía, "Prólogo" del Parménides, Madrid, Alianza Editorial, 2005.
  2. Jacques-Alain Miller, Los signos del goce, Buenos Aires, Paidós, 1998.

Bibliografia

  1. De Echandía, Guillermo R.,"Prólogo" del Parménides, Madrid: Alianza Editorial, 2005.
  2.  Miller, J. A., Los signos del goce, Buenos Aires: Paidós, 1998.
Soledad Bertrán
Parménides, de Platón

NODVS XXVII, Febrer de 2009

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