domingo, 6 de outubro de 2013

UN ACTING OUT EN ANÁLISIS Por Araceli Fuentes



UN ACTING OUT EN ANÁLISIS
Por Araceli Fuentes


Abordaré el tema de las próximas Jornadas de la ELP sobre “Goce, culpa e impunidad”, a partir de de un acting out producido durante mi análisis. Cada acto debe ser contextuado en el discurso en el que se produce, lo que en otro discurso pude ser considerado una falta, en el discurso analítico puede tomar un significado muy distinto, este es el caso del acting out del que les voy a hablar.
Acto, acting out y pasaje al acto, son tres tipos de actos distinguidos por el psicoanálisis. El acto no se confunde con la acción, para que haya acto es necesario que se produzca un cambio en el sujeto, el sujeto de antes del acto es diferente del que surge después.
En cuanto al acting out y al pasaje al acto, son dos modalidades del acto que ponen en escena el objeto “a”, objeto extraño tanto al campo simbólico como al imaginario, que no se deja atrapar por el significante, ni capturar por la imagen, sin embargo conlleva una carga pulsional.
La oposición subrayada por Lacan entre el acting out y el pasaje al acto puede ser relacionada a otra oposición: la que hay entre del duelo y la melancolía (1).
En el capítulo IX del Seminario de “La Angustia”, Lacan va a diferenciar pasaje al acto y acting out, atribuyéndole al primero un “dejarse caer” del sujeto y al segundo un “subir a la escena” del objeto.
“El acting out es esencialmente la mostración, velada sin duda, para nosotros como sujetos del acting, pero no velada en sí misma. La mostración que hace el acting es visible al máximo, tanto que en cierto registro es invisible, mostrando su causa. Lo esencial de lo que es mostrado es ese resto, su caída, lo que cae en el asunto,..... la libra de carne” (2).
Lo que importa en el acting es ese resto, lo que cae en el asunto, como se expresa Lacan en este seminario. A diferencia del pasaje al acto, que es una salida de la escena que no deja lugar a la interpretación porque pone en juego un “no querer saber nada más”, el acting out llama a la interpretación.
El acting out tiene relación con el duelo, con el trabajo del duelo. En mi caso, la dificultad era precisamente la de hacer el duelo por una persona a la que no había llegado a conocer: mi madre, muerta cuando yo tenía ocho meses de edad. Mi demanda de análisis tuvo que ver con ese duelo pendiente, aunque en el momento de hacerla no fui consciente de ello. Sin embargo, sin proponérmelo, fue de lo primero que hablé al referirme a la frase oída en mi infancia “¡Ay! Si su madre la viera”, frase enigmática con la que las vecinas del pueblo se dirigían a mí invocando su mirada. La jaculatoria se escribió directamente en mi cuerpo, sin yo poder articular palabra, y cada vez que la oía experimentaba un gran malestar. Ningún duelo es igual a otro, no hay una manera estándar de hacer un duelo, pero no se puede hacer un duelo cuando hay otro pendiente.
En contra de la creencia ingenua de que se nace con un cuerpo, Lacan nos enseña que el cuerpo no es el organismo y que el cuerpo es el producto del encuentro entre el organismo vivo y lalalengua. En ese encuentro pueden producirse accidentes, uno de ellos es el FPS, otro la debilidad mental, otro la psicosis.
El FPS se caracteriza por una incorporación “defectuosa” de lalengua, o mejor dicho, de un fragmento de la misma, que toma la forma de una holofrase. En la holofrase el goce suelda los significantes que pierden su valencia simbólica imaginarizándose. En el FPS, lo real hace intrusión en lo imaginario del cuerpo, sin mediación simbólica, el resultado es una lesión.
Ese duelo que no había podido hacer se escribió en mi cuerpo por medio de una holofrase, “¡Aysisuamdrelaviera!”, lesionando mi piel. La holofrase escuchada en la infancia se había escrito como una memoria de goce que se activó en el momento en que tuve que hacer otro duelo, esta vez por mi padre. La muerte de mi padre no me había producido ningún afecto doloroso a pesar de lo mucho que lo quería. En el lugar del duelo que no había podido hacer, una enfermedad autoinmune se desencadenó.
El goce se localiza en los orificios del cuerpo, en las zonas erógenas. Cuando hablamos de la escritura del goce en el cuerpo y tomamos el síntoma como ejemplo, vemos que en la escritura del síntoma como función de una letra del inconsciente, F(X), la letra se escribe, no en el cuerpo como superficie de inscripción, sino en los huecos del cuerpo, en los orificios de la pulsión.
Por el contrario, la escritura del FPS se realiza sobre la superficie del cuerpo porque el goce que fija el FPS es un goce que debería haberse descontado. Pero ese descuento no se produjo y el goce lesionó el cuerpo. Lacan piensa el FPS en el SXI, con el modelo del objeto “a”: en el FPS el objeto “a” no se habría descontado. La mirada de mi madre muerta, la mirada invocada en la holofrase, quedó pegada en mi piel, dañándola.
Un acting out
Luego, surge la contingencia. En cierto momento del análisis pasé un tiempo trabajando en un consultorio en el que también trabajaba una colega, a la que nuca conocí, pero de la que había oído decir que estaba enferma de cáncer y que solía repetir que “si seguía viva era porque quería ver crecer a sus hijos”.
Sin duda, está frase entró en resonancia con la jaculatoria “¡Aysisumadrelaviera!”, determinando el acting out que se produjo después. El acting out fue la respuesta a-subjetiva para tratar lo que escapa a la representación. Por medio del acting out la holofrase pudo conectarse al deseo del Otro, lo que en el FPS está cortocircuitado.
Un día, llamó a la consulta una mujer que quería que la colega enferma tratara a su hijo. Sin pensarlo dos veces, decidí ser yo quien atendiera al niño, cortocircuité la dirección de la demanda, “robé un niño”. Desde un punto de vista ético había cometido una falta, sin embargo en el contexto del discurso analítico en el que se produjo, este acting operó una separación entre el niño y la madre que iba a morir. Ella no lo vería, sustraje el niño de la mirada de la muerte, la muerte a la que no se puede mirar de frente. Al hablar de ello en mi sesión, mi analista interpretó el acting con estas palabras: “Él (niño) no la va a ver ...morir, ella,(la madre) no lo va a ver... crecer”.
La interpretación tocó mi cuerpo, me estremecí, dio al acting out el estatuto de un acto que tuvo consecuencias sobre el goce, cambiando al sujeto. La interpretación separó la mirada de la muerte, vaciando de mirada la visión. De este modo pude hacer el duelo separándome del cuerpo de mi madre donde la madre y la lengua se confunden.
Como dice Lacan, en el acting out lo que cuenta es lo que cae, el resto. El objeto escópico pudo descontarse, produciéndose un cambio de escritura: “¡Ay si su madre la viera!” dejó de ser una holofrase al introducirse el intervalo entre los significantes.
Más adelante me di cuenta de que la mirada en cuestión era una mirada invocada. El tratamiento de la voz en el análisis hizo que ésta se vaciara de ruido produciéndose un metabolismo del goce de la voz que la hizo más metonímica. Se trata, como dice Lacan en la Conferencia de Ginebra, respondiendo a una pregunta sobre el FPS. “de un domino más que inexplorado, es de todas maneras del orden de lo escrito.....todo sucede como si algo estuviese escrito en el cuerpo, algo que nos es dado como un enigma...es por la revelación del goce específico que hay en su fijación como debe abordarse lo psicosomático. En esto podemos esperar que el inconsciente, la invención del inconsciente pueda servir de algo”.
Este acting out no me hizo sentir culpable, sin embargo no me desentendí de mi responsabilidad, llevándolo a mi análisis. Si el acting out hubiera sido tratado por fuera del discurso analítico, como una falta ética entre profesionales, su función, fundamental en mi análisis, hubiera pasado desapercibida.

Notas:
1. Miller, Jacques-Alain. “La angustia”
2. Lacan, Jacques. Seminario 10: La angustia

Boletín de las XII Jornadas de la ELP            N 12 - 26 de septiembre de 2013

EL BUSCÓN Nº 12 - 26 de septiembre de 2013



Parménides, de Platón

Soledad Bertrán

Referencia presentada en el Seminario del Campo Freudiano de Barcelona de enero de 2009.

Resum

El trabajo que se presenta a continuación explica el desarrollo teórico del Parménides de Platón acerca de la Teoría de las Ideas y la problémática del Uno con sus nueve hipótesis. Lacan reflexiona sobre este diálogo en el Seminario Encore sosteniendo "Ese Uno con que todos se llenan la boca es de la misma índole que ese espejismo del Uno que uno cree ser". Miller toma dicho texto como un ejercicio de lógica para ocuparse de la identificación en psicoanálisis; nos muestra algo de la estructura del lenguaje y algo de la estructura del sujeto del inconsciente.

Paraules clau

Teoría de las Ideas, el Uno, los otros, la identificación, la falta en ser.

1. Platón y el Parménides
El Parménides, escrito en torno al 368 a.C., es considerado como uno de los diálogos de vejez de Platón (quien muere en el 347 a.C). En él se lleva a cabo el "ejercicio dialéctico" que utilizaba el filósofo para examinar sus hipótesis, entablando una discusión entre distintos personajes para reflexionar sobre las condiciones de la afirmación y la negación de una misma hipótesis.
El texto cobrará su máxima importancia en la época helenística, y se convertirá en el diálogo predilecto de los neoplatónicos y en el antecedente de la teología negativa medieval, inspirada directamente en el neoplatonismo. Tendrá además una gran influencia sobre la filosofía de Hegel, quien dirá que la mitad de su propia lógica podía encontrarse en el Parménides1.
Platón, mediante este diálogo, expone una aparente autocrítica de su teoría de las Ideas. Esta teoría afirma la existencia de dos órdenes: el inteligible, formado por las Ideas, y el sensible, formado por las cosas, comprendidas como imágenes de esas Ideas cuya esencia es inteligible; en este escrito las objeciones de los personajes apuntan a que si se mantiene el supuesto de las Ideas como entidades en y por sí mismas, separadas de las cosas sensibles, la relación entre ambas se problematiza.
En efecto, Platón concibe la Idea como autorreferencial, autopredicable: la Justicia es justa, la Belleza es bella, y no pueden tener otro predicado que el que le pertenece esencialmente. Pero las objeciones que se plantean en el Parménides es que todo logos es siempre un logos según participación: sólo las Ideas serían propiamente nombrables, porque las cosas lo serían por uso derivativo.
Finalmente, la unidad es el fundamento de la realidad de las Ideas: el Uno es el elemento en el que se constituye la Idea, por lo que la segunda parte del texto analiza dos hipótesis generales: si el Uno es y si el Uno no es. Se extrae pues del diálogo la lógica de la unidad como condición del conocimiento; las Ideas se conciben como las auténticas entidades de las cosas, como principio de su realidad y conocimiento, y el Uno como el elemento fundamental de toda realidad.
2. El texto.
Este diálogo es narrado por Céfalo, quien llega a Atenas para escuchar un relato sobre la discusión que habrían mantenido Sócrates, Zenón y Parménides en torno a las ideas de Zenón, en ocasión de las fiestas panatenaicas; aunque los especialistas consideran que este diálogo es una ficción literaria, las fiestas sí tenían lugar, cada cuatro años, en Atenas, que se convertía en lugar de encuentro de gentes de toda Grecia.
Primera parte: la teoría de las Ideas.
La primera parte contiene dos actos: en el primero, los argumentos de Zenón sobre la imposibilidad de que el ser sea múltiple son refutados por Sócrates mediante la teoría de las Ideas; en el segundo, es esta teoría la impugnada por el personaje Parménides, quien pone en cuestión la relación entre las cosas y las Ideas.
Se inicia pues una discusión con Zenón, a quien Platón consideraba un sofista, el gran maestro de los discursos dobles, de la dialéctica como técnica de reducción al absurdo. Sócrates se sorprende de que Zenón niegue que lo múltiple exista, y lo compara con Parménides, quien afirma que el Todo es uno; el primero niega la multiplicidad mientras que el segundo afirma la unidad. Sócrates les responde que las cosas son unas por participar de la unidad y múltiples por participar de la multiplicidad. No es sorprendente ser uno y múltiple: lo sorprendente sería que estas oposiciones que se dan en las cosas sensibles se dieran en las Ideas mismas, en las cosas que captamos por el pensamiento.
Se introducen a continuación las objeciones que hace Parménides a la teoría de las Ideas; si Sócrates defiende que las ideas son objetos de pensamiento ya que sólo pueden ser captadas y conocidas por él, Parménides sostiene que las Ideas no pueden existir entre nosotros, ni podemos conocerlas. Por ello, concluye, no basta con suponer que algo es y examinar las consecuencias que se siguen de esa hipótesis, sino que también hay que suponer que eso mismo no es.
Segunda parte: la problemática del Uno.
Platón nos introduce en la segunda parte del texto, donde el personaje Parménides, discutiendo con Aristóteles, expone las nueve hipótesis del Uno. Las cinco primeras versan sobre el Uno en relación a sí mismo, al ser, y a los Otros, mientras que las cuatro últimas exponen la hipótesis de que el Uno no es, y lo que se sigue para él y para los Otros.
Para desarrollar las premisas Platón toma, como elementos a aplicar al Uno, la multiplicidad y la unidad, el reposo y el movimiento, lo idéntico y lo diferente, y la temporalidad; así, para la primera hipótesis, "Si el Uno es uno" , plantea que si tiene que ser uno, no podrá ser un todo ni tener partes; será además ilimitado, no estará en reposo ni en movimiento, no será semejante ni desemejante, ni estará en el tiempo. El problema es que si no está en el tiempo no participa del Ser, lo cual le lleva a pensar que "el Uno no es" y preguntarse si esto es posible. Introduce así la segunda hipótesis: "Si el Uno es". Aquí se plantea, no ya que el Uno sea uno, sino que el Uno sea; el ser y la unidad no son, pues, lo mismo. Y la tercera hipótesis, "Si el Uno es y no es", abre otra posibilidad: que en ciertos momentos participe del Ser y en otros no.
A partir de aquí, la cuarta y quinta hipótesis plantean qué serán los Otros en relación al Uno: en el caso de que el Uno sea, los Otros no están totalmente privados del Uno, sino que de algún modo participan en él; en el caso de que el Uno sea Uno, los Otros estarán enteramente privados de la unidad.
Las últimas hipótesis concluyen que si el Uno no es, no hay ninguna determinación; por ello Parménides pregunta: "¿no hablaríamos con verdad si dijésemos, resumiendo: si el Uno no es, nada es?". "Enteramente", responde Aristóteles.
3. El Parménides en Psicoanálisis.
En el Seminario Encore, Lacan introduce sus reflexiones sobre el Uno vinculadas al amor: el amor -pregunta- "¿es hacerse uno? ¿Es el Eros tensión hacia el Uno?". Y recuerda a su auditorio que el enunciado "Hay Uno" sustentó su discurso el año anterior (en el seminario ... ou pire), de donde se extrae que el Uno sólo depende de la esencia del significante. De lo que se trata es de lo que configura al Uno, de la pregunta por la identificación; y de ahí el interés por el Parménides.
En el capítulo que nos ocupa -"El amor y el significante"- tomamos esta referencia de la página 61 de la edición en castellano: "Ese Uno con que todos se llenan la boca es de la misma índole que ese espejismo del Uno que uno cree ser. Esto no quiere decir que no tenga más horizonte. Hay tantos Unos como se quiera; que se caracterizan cada uno por no parecerse en nada, véase la primera hipótesis del Parménides ("Si el Uno es Uno").
En su seminario sobre Los signos del goce2, Miller comenta el interés de Lacan por el Parménides, cuya lectura recomendaba a su auditorio. Pero su doctrina sobre este texto sigue siendo de algún modo secreta, y por ello, dice, una especie de desafío. Miller lo toma como un ejercicio de lógica para ocuparse de la identificación en psicoanálisis; sostiene que el texto nos muestra algo de la estructura del lenguaje y algo de la estructura del sujeto del inconsciente: trabaja pues las hipótesis sobre lo Uno, porque sin lo Uno no se puede "pensar ni plantear ni operar con el sujeto en el psicoanálisis"; y parte del "hay de lo Uno" introducido por Lacan, que se distingue de "hay lo Uno" en tanto no prejuzga nada del sujeto, no se prejuzga que sea uno.
El Parménides despliega un ejercicio lógico, pues versa sobre el logos, sobre lo que supone el hecho de hablar; versa sobre la función y el campo de la palabra y del lenguaje, que permiten decir que "hay de lo Uno": hay de lo Uno porque hay lenguaje y hay palabra, y porque ambos dependen del ser.
Termino con una cita (de la página 97 del seminario): "El Parménides despliega a modo de entretenimiento las paradojas que en el análisis se presentan de manera menos divertida, porque lo que se pone de manifiesto en el síntoma, y más radicalmente, en esa falta en ser que constituye todo lo que tiene de ser el sujeto del significante, es que el neurótico se aferra a su propio sufrimiento dado que su diferencia, su falta en ser, es todo lo que tiene para justificar su existencia". El sujeto se entiende así como una "unidad de pura diferencia": Uno es uno y ninguna otra cosa; ahí se reconoce el primer Uno del Parménides.

Notes

  1. Guillermo R. De Echandía, "Prólogo" del Parménides, Madrid, Alianza Editorial, 2005.
  2. Jacques-Alain Miller, Los signos del goce, Buenos Aires, Paidós, 1998.

Bibliografia

  1. De Echandía, Guillermo R.,"Prólogo" del Parménides, Madrid: Alianza Editorial, 2005.
  2.  Miller, J. A., Los signos del goce, Buenos Aires: Paidós, 1998.
Soledad Bertrán
Parménides, de Platón

NODVS XXVII, Febrer de 2009

Cantar en la oscuridad




Por Pablo Fridman *
En la famosa sesión de cuatro horas que Freud, durante unas vacaciones en Holanda, tuvo con el compositor Gustav Mahler, intervino en una serie de dificultades subjetivas que éste planteaba. En especial, dilucidó por qué en sus obras insistía con una música de organillero, que irrumpía sorpresivamente en complejas melodías: Mahler recordó que, en su niñez, lo había angustiado una disputa conyugal entre sus padres, e inmediatamente después escuchó a un organillero en la calle, precisamente con el tema que luego repitió en sus composiciones. La melodía musical se instaura de un modo abrupto y rompe las líneas que, por su extrema complejidad, podrían evocar la angustia.
No es un dato menor que una melodía sencilla pueda operar como un alivio al peso de la angustia. De todos modos, si se repite en exceso, puede provocar la misma angustia que pudo evitar. La preocupación de Mahler lo demuestra.
De todos modos es discutible que la música, por sí misma, se constituya en una vía de elaboración subjetiva. Al eludir el plano de la palabra, puede pensarse que su efecto de elaboración ocurrirá al modo del sueño, o sea sin que el sujeto pueda apropiarse de eso. También al modo del sueño, se puede escuchar lo que la música porta cuando fracasa en su trabajo elaborativo, o sea cuando produce angustia: la pesadilla, en la música, ocurre cuando una sonoridad se hace insoportable, cuando se despierta de ese estado de encantamiento sonoro.
“Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro”, escribió Freud en Inhibición, síntoma y angustia: pone el acento en la dimensión de engaño, pero este engaño cumple una función beneficiosa en términos de la angustia: permite al sujeto seguir caminando y soportar el desamparo que genera la oscuridad circundante. Es un engaño al servicio de su despliegue subjetivo, en tanto se trata allí de alcanzar algo del deseo: si admitimos que ese caminar se dirige a un objetivo deseado, podemos entender lo musical como un engaño obligado.
- - -
François Regnault (Seminario “La música no piensa sola”, en revista Consecuencias, Nº 5, diciembre de 2010, edición digital) propone para la música la siguiente formulación: “Un discurso latente vuelto manifiesto permaneciendo incomprensible”. Se trata de un discurso que no pretende envolverse en ningún sentido, donde toda explicación es redundante. Es un descanso de la razón. La música no se piensa, se experimenta.
- - -
En la música existe un “dar a escuchar” que diferencia el “oír” del “escuchar”: se trata de atender a lo que esa frase musical le dice al sujeto de sí mismo, muchas veces de un modo profundamente enigmático: “Esa obra musical me entristece...”; “Esa otra música me transporta...” (siempre es esa música y no cualquiera). Las posibilidades son infinitas. Lo que el compositor y el intérprete hacen es recortar un poco-de-sonido que se dirige a alguien.
- - -
La música no transmite ningún mensaje. Es cierto que en la teoría musical es posible hallar referencias a que, por ejemplo, los acordes menores se consideran tristes, y los mayores son tenidos por alegres o marciales. Pero, según cómo sean utilizados en cada obra musical, unos u otros podrán ser parte de composiciones más o menos vivaces o jocosas. La música rechaza la representación. En contra de lo que han sostenido ciertos regímenes políticos, no hay músicas reaccionarias o revolucionarias (los acordes de algunas marchas identifican a grupos que los han adoptado como carta de presentación, como marca de identificación, pero eso no indica que la música en sí esté involucrada). Adjuntar a determinada música una ideología o posición política o religiosa connota un forzamiento de lo simbólico.
Históricamente, ha habido esfuerzos por atribuir connotaciones diabólicas, transgresoras, a veces poco edificantes, a determinadas armonías o melodías. Los acordes prohibidos por la religión (tritonos) son luego utilizados con frecuencia en estilos populares y clásicos. Las supuestas melodías diabolizantes siempre han tenido que ver con el efecto de trance, de ensoñación o de distracción que podría ocurrir, pero nunca con una especificidad de lo que determinada música pudiera transmitir como mensaje.
De todos modos existen ciertas convenciones acerca de la utilización ulterior de lo que se compone: se supone, por ejemplo, que un réquiem debería ser lento, grave..., pero no es imposible transgredir estas premisas.
Es sorprendente cómo diversas modalidades musicales –desde tenues valses hasta disonantes grupos de free jazz– pueden producir distintos efectos de borrachera sonora. Es conocida la función que han tenido los nigro spirituals para hacer más soportable el trabajo esclavo (función poco edificante pero que no desmiente la belleza de esa música). En todos los casos la música detiene el sentido y lo deja en suspenso, produce un efecto de no-representación. Si la dimensión de la palabra supone ya la imposibilidad de la comunicación sin equívocos, esta imposibilidad adquiere su máximo peso en la música. Justamente se trata de abrir la escucha a esa dimensión de lo inespecífico, de lo que no puede cristalizarse en ninguna significación determinada.
* Psicoanalista. Músico. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana (EOL), de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM). Texto extractado del trabajo “Psicoanálisis y música”, incluido en Esto lo estoy tocando mañana. Música y psicoanálisis.

domingo, 22 de setembro de 2013

Entrevista a Guy Briole -- Diario INFORMACIÓN de Alicante, sábado 29 de octubre de 2011





por Pino Arbeloa

"Los secretos de familia y las mentiras se traducen siempre en angustia y fracaso".
Guy Briole será el encargado de abrir hoy el Seminario del Campo Freudiano de Alicante. Defiende el psicoanálisis como "una forma de contribuir a la dignidad de los hombres" y lo aleja de mitos como que esta disciplina siempre trata de responsabilizar a los padres de todos los problemas de sus hijos. Guy Briole abre hoy en Alicante, en el centro Doctor Esquerdo, el ciclo formativo que desarrollará durante todo un año el Instituto del Campo Freudiano de Alicante.
Guy Briole dirigió durante muchos años el Hospital de Val-de Grâce, centro de referencia clínica en París. Entre los años 1988 y 2005 estuvo al frente del servicio de Psiquiatría del mismo centro. Briole es además miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, profesor de la Universidad de Paris VIII y asesor de la red 11-M de Madrid.
PINO ALBEROLA. Usted hablará en Alicante de la psicosis, ¿puede el psicoanálisis ayudar a curar patologías tan graves como un trastorno bipolar o una esquizofrenia?
Es una orientación que Jacques Lacan siempre ha dado a los psicoanalistas: "no retroceder ante la psicosis", es decir encontrar el modo de entrar en contacto con aquellos que, por sus miedos, su discurso extraño, su desconfianza, no consiguen simplemente, establecer un lazo social y, por eso, se encuentran excluidos. Pero tiene usted razón al utilizar el término "ayudar" puesto que, a menudo, el psicoanalista no puede él solo apaciguar o tratar el dolor moral, la angustia de aniquilación, pruebas terribles a las que se encuentran confrontados los psicóticos.

La manera de curar de un psicoanalista, ¿es muy diferente a la del psiquiatra?
Sí, pero también son complementarias. El psicoanalista se centra en una relación de confianza con su paciente en un trabajo relacional, a partir de la palabra. Es la herramienta que utiliza a partir de lo que ha aprendido en su propio análisis. Escuchar el sufrimiento del paciente, su relación con sus allegados, pero también, simplemente, con sus semejantes, debe permitir desenredar conflictos que se añaden al sufrimiento o, a veces, son la causa del mismo. El psiquiatra, del que se espera también que escuche a su paciente, se centrará más en el tratamiento de los síntomas. El psicoanalista apuntará más a que el sujeto se haga actor y responsable de su vida.

Palabra frente a medicamentos, ¿esta frase podría resumir las diferencias entre ambas disciplinas?
No se trata de la palabra contra los medicamentos. Cuando es necesario, trabajamos en coordinación con los psiquiatras o los médicos que prescriben medicamentos. Cada uno tiene su lugar y función, y cuando cada uno respeta el lugar del otro, el enfermo se orienta muy bien. La relación con el psicoanalista permite también a los pacientes implicarse y responsabilizarse más respecto a su tratamiento farmacológico.

Hay gente que guarda cierto temor hacia el psicoanálisis porque dicen que te hace cuestionar hasta los fundamentos que creías más sólidos en tu vida, ¿qué opina?
Es verdad que el psicoanálisis sigue siendo, en este mundo en el que todo está reglado para el "bien de cada cual", una aventura. Es necesario cierto valor para lanzarse a ello. A veces, justamente, se trata de un enfoque que permite tratar cierta cobardía que puede resultar insoportable en la vida cotidiana. Para empezar un análisis es necesario sentirse, al menos, un poco responsable de lo que nos llega en la vida. En otras palabras, es necesario saber lo que uno quiere para su propia vida. El psicoanálisis permite eliminar obstáculos que impiden el desarrollo de proyectos personales.

Lo que no se habla o se cuenta, ¿nos puede llegar a destruir mentalmente?
Creo que usted va demasiado lejos proponiendo destruir. Pero de cualquier modo tiene usted razón al pensar que lo que está callado, los "secretos de familia", las mentiras, la sumisión a órdenes o promesas de callarse, van en contra de los deseos de un sujeto y reaparecen bajo una forma u otra: síntomas, malestar, angustias, conductas de fracaso, etc.

¿Los padres son siempre responsables de nuestra forma de afrontar la vida y los problemas?
Veo hacia dónde quiere ir. Va usted a decirme que los psicoanalistas hacen responsables a los padres de todo lo que va mal en sus hijos. No se trata para nada de esto. Recibir, hablar, trabajar con los padres no tiene nada que ver con culpabilizarlos. Pensamos que, por supuesto, el entorno en el que hemos vivido nos ha influenciado. En el crisol que constituye la familia, se han forjado nuestras personalidades, se han vivido emociones, sentimientos, a veces contradictorios: amor, odio; solidaridades, egoísmos; complicidades, rivalidades. Cada niño habrá reaccionado de forma diferente. Nosotros, psicoanalistas, tomamos en cuenta estos aspectos del entorno familiar tratando de despejar para cada sujeto, uno por uno, la parte que le corresponde de la manera en que ha llegado a ser lo que es.

El psicoanálisis, ¿está pasado de moda?
Me gusta su forma de plantear la pregunta utilizando la imagen de la moda. Es más elegante que anunciar, como ocurre desde que Freud inventara el psicoanálisis, su muerte certera o que está a punto de desaparecer. Los psicoanalistas trabajan sin cesar: en sus consultas, en los servicios hospitalarios, en las instituciones para niños, en las cárceles, en las ONGs, en la calle... Están allí donde sujetos que sufren piden que se les reciba y escuche. ¿Ante quién podemos quejarnos, confiar nuestro malestar sin que nos proponga un "prêt-à-porter" de felicidad para todos? El psicoanalista sigue trabajando "a medida". Cada uno es libre de querer fundirse en lo colectivo o de orientarse según su propio deseo. ¿Conoce algo que sea más moderno?

¿Por eso quizás molesta?
Exactamente. Entonces se lo estigmatiza, se lo desprecia, se intenta eliminarlo y, a veces, se consigue. Los psicoanalistas se movilizan para el reconocimiento de un estatuto de sujeto responsable para los niños, los autistas, los psicóticos, los excluidos, para todos aquellos que no están de acuerdo en sufrir la tiranía sea cual sea su forma. Se movilizan, en todas partes, para contribuir a la dignidad de los hombres.


EN CORTO
Usted fue asesor de la red 11-M de Madrid, ¿cómo se supera, desde el punto de vista de las víctimas, una catástrofe de este tipo?
Las víctimas de tal arbitraria violencia necesitan mucho coraje para sostener un trabajo sobre ellas mismas, a partir de lo que encontraron de inaudito, de insospechado y que estaba enterrado en lo más profundo de su ser. Para que esto sea posible, se necesita también alguien para acoger, con tacto y cuidado, este sufrimiento. En algunas ocasiones hacen falta años para cerrar esta brecha que ha irrumpido y se ha abierto en la vida de alguien.

¿Qué papel están jugando los psicoanalistas en este contexto de crisis?
El psicoanalista siempre está concernido por las crisis. Este es a menudo el motivo de consulta: un momento de crisis, una urgencia subjetiva, un desamparo, un desconcierto permanente. En su referencia a un «contexto de crisis», el psicoanalista hace lo que siempre hace: propone escuchar la singularidad de los efectos para cada uno del momento social, político, económico, al que está confrontado. El psicoanalista no consuela, no promete un futuro mejor. Tampoco se deja instrumentar por los poderes públicos para suplir sus fallos.

sexta-feira, 6 de setembro de 2013

LA PINCELADA SIMPLE. Shitao (1642-1707)

“Por lejos que vayan, por alto que suban, es necesario que comiencen con un simple paso”. “Para un ser humano lo más importante es saber venerar”. “Los ríos y las montañas me encargan que hable por ellos; han nacido en mí y yo en ellos”. “Grande es el don artístico para aquel de gran sabiduría, mediocre para el de sabiduría mediocre. Primero la mente debe abrazar al Uno para que el corazón pueda crear y mantenerse en la alegría. En estas condiciones la pintura puede penetrar la esencia de las cosas hasta lo imponderable”.
Éstas son algunas frases del pintor chino Shitao, (1642-1707), también llamado el “monje calabaza amarga”. Pintor, monje, poeta y calígrafo, Shitao escribió un tratado sobre las técnicas y filosofía pictóricas titulado "Acerca de la Pintura". En él hace hincapié en dos puntos básicos: el primero es el método de una pincelada (i-hua), entendiendo como tal no sólo la idea de primera pincelada, sino el concepto de unidad frente a lo múltiple. En esta pincelada se recoge toda la fuerza de la obra y ella debe expresar por sí misma el resto de la composición. De este primer principio se deriva el segundo, que es la ausencia de método, expresado en la siguiente frase: "El método es creado por la actividad de pintar, y las obstrucciones desaparecen durante la creación... así se revela el principio de la pintura y se comprende plenamente el principio de la pincelada única". Diríamos, como síntesis, que Shitao apunta a “hacer camino al andar” polarizándose, vaciándose, conociendo, por medio del ejercicio de la “pincelada simple” o el “rasgo único del pincel”. En el primer capítulo del tratado puede leerse:
“En la más alta Antigüedad no había reglas; la Suprema simplicidad todavía no se había dividido. Desde que la Suprema simplicidad se divide, se establece la regla. ¿En qué se funda la regla? La regla se funda en el Rasgo Único del Pincel [la pincelada simple].
El Rasgo Único del Pincel es el origen de todas las cosas, la raíz de todos los fenómenos; su función se manifiesta para el espíritu y se oculta en el ser humano, pero el vulgar lo ignora. Es por sí mismo que debe establecerse el Rasgo Único del Pincel.
El fundamento de la regla del Rasgo Único del Pincel reside en la ausencia de reglas que engendra la Regla, y la Regla así obtenida abarca la multiplicidad de las reglas. La pintura emana del intelecto: ya sea que se trate de la belleza de los montes, ríos, personajes y cosas, o que se trate de la esencia y carácter de los pájaros, de los animales, de la hierbas y de los árboles, o que se trate de las medidas y proporciones de los viveros, los pabellones, los edificios y las explanadas, no se podrán penetrar las razones ni agotar los aspectos variados, si al fin de cuentas no se posee esta medida inmensa del Rasgo Único del Pincel.
Por lejos que vaya, por alto que suban, es necesario que comiencen con un simple paso. De este modo, el Rasgo Único de Pincel abarca todo, hasta la más inaccesible lejanía; de diez mil millones de golpes de pincel, no hay uno solo cuyo comienzo y remate no resida finalmente en este Rasgo Único de Pincel, y su control sólo pertenece al hombre.
Por medio del Rasgo Único del Pincel, el ser humano puede restituir en miniatura una entidad más grande sin perder nada: ante todo y en tanto el espíritu se forme una visión clara, el pincel irá hasta la raíz de las cosas.
Los virajes del pincel deben ser de un solo movimiento, y la untuosidad debe nacer de los movimientos circulares, dejando al mismo tiempo un margen para el espacio. Los finales del pincel deben ser cortantes, y los ataques incisivos. Se debe ser igualmente hábil para las formas circulares o angulares, rectas y curvas, ascendentes y descendentes; el pincel va a la izquierda, a derecha, en relieve, en hueco, brusco y resuelto; se interrumpe abruptamente, se extiende oblicuamente, así como el agua rueda hacia las profundidades, así brota hacia arriba como la llama, y todo esto con naturalidad y sin forzar para nada.
Si el espíritu está presente en todo, la regla informará todo; si la razón penetra todo, los aspectos más variados podrán expresarse.
Abandonándose a la voluntad de la mano, de un gesto, se aprehenderá la apariencia formal tanto como el impulso interior de los montes y los ríos, de los personajes y los objetos inanimados, de los pájaros y las bestias, de las hierbas y los árboles, de los viveros y los pabellones, de los edificios y las explanadas, se pintará según su naturaleza o se interrogará la significación, se expresará el carácter o se producirá la atmósfera, se lo revelará en su totalidad o se lo sugerirá elípticamente.
Aún cuando no se sepa cómo fue llevada a cabo, la pintura responderá a las exigencias del espíritu.
Puesto que la Suprema Simplicidad se ha disociado, la infinidad de las criaturas se manifiesta una vez establecida la Regla del Rasgo Único del Pincel. Es por esto que se ha dicho: “Mi vía es aquella de la unidad que abarca lo universal” [cita de Confucio]

a partir de la versión francesa de Pierre Rychmans: Shitao:Les propos sur la peinture du moine Citrouille-amère. Paris, Hermann -Col. Savoir-, 1984. 

sexta-feira, 30 de agosto de 2013

De lo engañoso a lo verdadero

El análisis permite encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. Aunque la transferencia sea condición, el analista no es un partenaire, sino que conduce al analizante a abandonar su ilusionada creencia.
 Por Daniel Millas*

Constituye una condición del amor tener que probar que es verdadero. Y si esto es así es porque existen también amores engañosos que desfallecen rápidamente con la luz del nuevo día. Hubo una época donde la exaltación del amor junto a la puesta a prueba de su verdad, hallaron una expresión sutil y refinada. A finales del siglo XI acontece la aparición de la lírica trovadoresca. Poetas dedicados a dar forma a un concepto nuevo del amor: el amor cortés. Creación de un verdadero culto que lleva a la idealización extrema de la mujer elegida. La Dama en cuestión es objeto de toda clase de homenajes y lo particular de esta relación amorosa es que ella se mantiene como un ser frío e inaccesible. Este amor es paradigmático en lo que se refiere a dar sus pruebas ya que encuentra allí su fundamento. La fidelidad incondicional y la superación de las tentaciones de la carne son condiciones insoslayables para poder llamarlo verdadero.
Si pasamos ahora al psicoanálisis, encontraremos que para Freud el amor y la verdad constituyen dos dimensiones esenciales de la práctica analítica. Desde el inicio propuso a la búsqueda de la verdad como una posición ética del analista para el desciframiento de las causas del sufrimiento neurótico.
Lo que no esperaba es que el amor irrumpiera como un convidado de piedra en el corazón mismo de la experiencia. Necesitó tiempo para admitir que ese amor, al que puso el nombre de transferencia, no solo era tan legítimo como cualquier otro, sino que constituía una condición necesaria para llevar adelante el análisis. Pero el amor de transferencia es el motor de la cura y no su solución, ya que lo propio del psicoanálisis es la respuesta inédita que le confiere a la demanda de amor en la experiencia.
Quien acude al encuentro con un psicoanalista lo hace llevado por el sufrimiento que lo aqueja. En ese padecimiento la problemática del amor está de alguna manera presente. Ya sea por la decepción y el desengaño, por las traiciones y los desencuentros, o por la dolorosa soledad a la que lleva su ausencia. La demanda de análisis se sostiene en la creencia de que es posible justificar ese dolor que se ha vuelto insoportable.
Es en ese marco de suposición que el amor de transferencia se revela. Pero el analista no es un partenaire amoroso, sino que conduce al analizante a advertir lo que este amor tiene de ilusionada creencia. Opera de modo tal que permite cernir la alteridad radical que encubre la demanda amorosa. Por este medio, el análisis ofrece la oportunidad de encontrar una salida a la repetición agobiante de los fracasos del amor. El amor puesto a prueba en la experiencia analítica demuestra que no hay ninguna complementariedad, que no existe el "uno para el otro" armonioso y predestinado.
Pero entonces, ¿Qué resulta del saber obtenido? ¿Habrá que sumarse finalmente a las filas de los desengañados solitarios, de las almas tristes del desencuentro irremediable? De ninguna manera. La experiencia analítica le dejará saber a quien la atraviesa que el lazo amoroso se funda y se sostiene a partir de un punto de vacío irreductible. Es alrededor de ese vacío, transformado por el análisis en potencia vital del deseo, que se juega la chance de acceder a una nueva modalidad del amor. De elegir con quién compartir el exilio al que cada uno está llevado por la singularidad que lo habita. No está mal como alternativa. Después de todo un exilio no se comparte con cualquiera.
*Miembro EOL y AMP. Director Escuela Orientación Lacaniana. Escrito para las recientes Jornadas Anuales de la EOL Sección Santa Fe.

Contra la ilusión religiosa

La autora anticipa en este artículo, el argumento de la conferencia- seminario que dictará en el III Coloquio de la Escuela de la Orientación Lacaniana, Sección Rosario. "La pregunta por la causa. El psicoanálisis entre la ciencia y la religión".
 Por Graciela Brodsky*

Para Freud, psicoanálisis y ciencia son solidarios entre sí por su relación con la verdad, y ambos se oponen a la ilusión religiosa. Sin embargo, esta ciencia de la que el psicoanálisis forma parte no debe confundirse con la del cientificismo del siglo pasado, que Freud veía encarnado en la psiquiatría de su época.
Es seguro que Lacan también consideró en su momento la ciencia, la religión y el psicoanálisis en relación con la verdad. Tenemos como prueba "La ciencia y la verdad", primera lección de su seminario El objeto del psicoanálisis, convertida en escrito. Ahí toma como punto de partida la verdad como causa en tanto que diferente del saber, y examina entonces sus efectos en distintas prácticas: la magia, la religión, la ciencia y el psicoanálisis. Pero, así como sus "amores con la verdad" llevaron a Freud a demostrar la solidaridad entre la ciencia y el psicoanálisis, el punto de partida de Lacan lo conduce a oponerlos, ya que mientras la primera no quiere saber nada de la verdad (esto la aproxima a la psicosis), el psicoanálisis la acoge y se convierte en el destinatario de la prosopopeya que Lacan inmortalizó en "La cosa freudiana": "Yo, la verdad, hablo".
¿De qué ciencia habla Lacan? Cuando a partir de los años setenta se refiere a la ciencia, es con la esperanza de que el psicoanálisis se le iguale en la determinación de lo real. No se trata simplemente de lo que ya había indicado años atrás; por ejemplo, que es impensable que el psicoanálisis como práctica y el inconsciente freudiano como descubrimiento hubieran podido existir antes del nacimiento de la ciencia en el siglo XVII, o que el sujeto sobre el que opera el psicoanálisis no es otro que el sujeto que inaugura Descartes con su cogito, abriéndole el paso a la ciencia moderna.
Ahora se trata de la ciencia que, de acuerdo con la definición de Galileo, verifica que hay saber en lo real. Y ese saber, una vez puesto a andar, obtiene que lo real responda.
Afirmar que el saber alcanza lo real implica, en primer lugar, considerar sus consecuencias. La primera es de orden subjetivo y recae sobre el propio científico: es la angustia, caracterizada como el síntoma tipo de todo acontecimiento de lo real. La segunda se refiere a la regulación de los efectos insospechados del discurso de la ciencia mediante el consenso entre los distintos sectores de la sociedad. Ya en 1974 Lacan hace alusión al embargo de un cierto número de investigaciones que inauguraron la genética contemporánea, y desde entonces hemos asistido a una proliferación de comités de ética que, como mostraron Eric Laurent y Jacques﷓Alain Miller, ocupan el lugar del Otro que no existe en la sociedad actual. La tercera concierne a los productos de la ciencia, los llamados gadgets. A fin de cuentas, ¿qué nos procura la ciencia?, pregunta Lacan en Roma. Y responde: "Algo para distraer el hambre en lugar de lo que nos falta en la relación. Jamás llegaremos a dominar las relaciones entre esos parlêtres que sexuamos como hombre y como mujer... no hay ninguna probabilidad de que eso tenga éxito alguna vez, es decir, que tengamos la fórmula, algo que se escriba científicamente. De ahí la proliferación de síntomas... No lograremos hacer que el gadget no sea un síntoma ﷓agrega más adelante﷓ porque por ahora lo es de la manera más obvia: es evidente que se tiene un automóvil como se tiene una falsa mujer".
La ambición de Lacan es que el psicoanálisis, producto de la ciencia, sea al mismo tiempo el discurso que demuestre su límite porque, allí donde la ciencia encuentra saber en lo real, el psicoanálisis debe verificar el saber que falta, probar lo imposible por medio de lo contingente.
*AME y AE de la EOL y de la AMP. Directora General del Instituto Clínico de Buenos Aires.