terça-feira, 14 de agosto de 2012

ENTREVISTA A ERIC LAURENT EN HAARETZ POR OR ERZATI

http://www.centrolacaniano.cl/blog/1670/

Entrevista a Eric Laurent en Haaretz



Entrevista a Eric Laurent, por Or Ezrati, publicada en Haaretz el 29 de Julio de 2012
Relatar nuevamente la terapia: ¿Por qué no hay atajos para sus problemas?
El deseo de respuestas rápidas tiene más que ver con el consumismo que con la t
erapia, afirma el psicoanalista lacaniano, Eric Laurent.
 Eric Laurent: “Tenemos en la mano los m
edios de control sobre nosotros. Somos observados desde cada pantalla, y esto resuena con el sentimiento de que Dios nos está observando.”
Jacques Lacan. Revolución cognitiva en psicología
El psicoanalista francés Eric Laurent explora un futuro alternativo para la psiquis humana. Se encuentra extremamente perturbado por la mirada mecanicista propuesta por investigadores del cerebro y otros quienes reducen el funcionamiento de la mente a un proceso de pensamiento. Tal como es propuesto por los psicólogos cognitivos, en lugar de pensarlo como algo más básico y automático. Desde el psicoanálisis dirige una crítica a las tendencias dominantes en psicología. Y en este recorrido también nos esclarece el modo en que los gadgets nos observan mientras nos imaginamos que somos nosotros quienes los observamos.
El Dr. Laurent es uno de los principales seguidores del psicoanalista Jacques Lacan. Estuvo 14 años en análisis con Lacan, quien falleció en 1981. Como Ex Presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, la cual promueve la doctrina lacaniana, Laurent es docente en el Departamento de Psicología de la Universidad de Paris VIII. Además ha publicado múltiples artículos y libros que han sido traducidos a numerosas lenguas. En su libro “Lost in Cognition,” recientemente publicado en hebreo por Resling ‏ (traducido del francés por Nehama Gesser; no hay edición en inglés hasta el momento), Laurent debate acerca de lo que se está perdiendo a partir del empuje actual en psicología hacia un enfoque científico: tanto en el campo de la terapéutica como en lo que atañe a la mirada general sobre la psiquis humana.
Conocí a Laurent durante su reciente visita a Israel como invitado de la décima conferencia de la New Lacanian School of Psycoanalysis en Tel Aviv. El título de su conferencia fue “Leyendo un síntoma” (“Reading a symptom”)
En “Lost in Cognition” Laurent enfrenta los abordajes terapéuticos actuales, como por ejemplo la psicología cognitiva, focalizados en los resultados contra los abordajes psicoanalíticos, en los que se hace foco en el proceso. Probablemente la mayoría de las personas que realizan un tratamiento psicológico, no imaginan el resultado final como una conciliación con el síntoma, sino como la completa desaparición del mismo.
¿Uno de los problemas del tratamiento psicoanalítico, y de las psicoterapias que ha inspirado, está en el hecho que los pacientes no comprenden realmente aquello que se les ofrece?
“Entender lo que hay en la balanza. Pienso que esto refleja el discurso dominante de este período. Quienes iban a ver a Freud, se dirigían a un psicoanalista en un tiempo en el que nadie sabía qué era la psiquiatría. Buscaban el alivio de su sufrimiento y se dirigían a quien era descrito como un especialista en esa área – un especialista solitario con sus métodos singulares en los que se aprendía a confiar, de un modo comparable al de la medicina de tiempos antiguos.”
“Actualmente, el discurso de la época impone que se debe ser creativo, tener medios y sobre todo conseguir resultados. La posición analítica deriva precisamente de tomar al discurso dominante como aquél al que los sujetos retornan o aquel en el que están inmersos – que es el ideal del período de tiempo en el cual viven. ¿Pero qué quieren realmente? Esto es, por encima y más allá del hecho de que tengan en cuenta su pedido, su queja en términos del discurso imperante en la época. Ellos dicen “Por favor ayúdeme a deshacerme de las dudas que me torturan acerca de mi esposa: ¿Es ella la persona indicada para mí? ¿Debería elegirla a ella o a mi amante? ¿Tiene razón ella? ¿Tengo razón yo?’ ”
“Aparentemente, ellos están pidiendo algo muy claro: ‘Dígame cómo hacer lo correcto con mi sufrimiento, con los conflictos que no puedo resolver. Deme la solución.’ Sin embargo en definitiva, lo que verdaderamente se está diciendo es, ‘Soy un fracaso en todo esto, ayúdeme a deshacerme de mí mismo.’ Si usted escucha el modo en el cual los sujetos articulan su sufrimiento, sus dificultades existenciales, siempre hay una tensión entre el aspecto específico, que está limitado a aquello de lo que quieren deshacerse y el deseo de una transformación completa – el deseo de ser alguien más, para vivir acorde a los ideales de su tiempo y para poder liberarse de todas las contradicciones que constituyen la historia personal de cada uno.
“La habilidad clínica del psicoanalista, en nuestro tiempo y en períodos anteriores, puede ubicarse en la decisión de responder de una manera precisa a los elementos limitados contenidos en la queja del sujeto. Algunas personas son capaces, a través de la pequeña ventana creada por su queja, de lograr el acceso a la compleja mixtura creada por su historia personal, mientras que otros no pueden. No hay un “talle único” que sirva para todos. (‘one size fits all’)’”
Ud. escribe que en algunas terapias cognitivas lo que se recibe es el fetichismo de una figura ideal con quien uno trata de identificarse, en el mismo sentido que la industria de la publicidad busca que nos identifiquemos con los modelos y los productos que están vendiendo.
“Una de las demandas de nuestros tiempos capitalistas es la necesidad de pensarnos a nosotros mismos como empresarios que deben maximizar sus vidas. Debemos pensar más, disfrutar más, experimentar una vida sexual más intensa. Si no lo maximizamos, los vemos como un fracaso, donde los únicos culpables somos nosotros mismos. Entonces, la demanda más común será ‘Por favor, arrégleme.’  Ese es el ideal del superyo: ‘Por favor, arrégleme, vuélvame super-productivo.’ Desde mi punto de vista, es más acertado tomarlo como una demanda del superyo que pesa sobre el sujeto e interpretarlo consecuentemente − en lugar de tratar de acceder a él. En definitiva, todos pueden percibirse como fracasados en cierto sentido, y lo cierto es que no es tan terrible.”
¿Qué puede decirnos acerca de las técnicas cognitivas que han sido probadas como muy efectivas, tales como la sensibilización – una exposición gradual al objeto temido en el tratamiento de las fobias?
“Voy a responderle tomando como ejemplo a un paciente mío que sufría miedo a volar. Había todo tipo de historias en su familia acerca de aviones y sobre el ideal del piloto, entonces él tuvo un conflicto con ello y fue obligado a confrontarlo. En cierto momento del tratamiento el paciente me cuenta que debe tomar un avión por motivos laborales. Yo lo animé a realizar una terapia cognitivo-comportamental de exposición en la cual era expuesto a una realidad virtual que simulaba un avión, cuyo método consiste en el intento de acostumbrarlo a una situación de miedo inducida. Desde mi punto de vista, esto es comparable a tomar un medicamento que calme el miedo antes de abordar un avión. El tratamiento alivió su condición, pero el miedo básico permaneció. Se repuso al miedo pero le llevó más tiempo lograr finalmente sentirse a gusto en un avión.”
“Si alguien se dirige a un analista en búsqueda de un tratamiento y dice, ‘Quiero deshacerme de mi miedo a volar porque quiero tomar un avión,’ yo le digo, ‘Intente terapia de exposición.’ Si esto sucede en el curso de un análisis, puedo decirle, ‘Vaya, hágalo y luego vuelva.’ La vida es difícil. Hay algunas herramientas que están disponibles para usted, entonces vale la pena utilizarlas.”
¿Que es aquello que en realidad se pierde cuando alguien lleva sus síntomas a un psicólogo cognitivo?
“Le puedo decir dónde no acuerdo con mis colegas desde el punto de vista ético. Me opongo al componente comportamental que existe en la combinación habitual de la terapia congnitivo-comportamental. El paciente va a encontrarse en confrontación con una autoridad poderosa que trata de imponer un cambio comportamental con un abordaje del tipo “talle único” para todos (‘one size fits all’). Como si el comportamiento bueno existiera y pudiera ser estandarizado. Esto no sólo es dañino para el sujeto, es verdaderamente peligroso para los ideales de libertad. En 1971, en el auge de la “manía” comportamental, Skinner [B.F. Skinner, el padre del conductismo] declaró a la revista Time que la libertad es un lujo que no podemos permitirnos.
Entre Lacan y Chomsky
Laurent comienza su libro con una animada descripción de sí mismo en un seminario de Lacan, lidiando trabajosamente con sus doctrinas. “Principios de Noviembre de 1975, sólo podíamos estimar la ignorancia desprovista de gloria que configuraba nuestro destino,” escribe y continúa, “De repente, en Diciembre de 1975, un rayo de luz aparece. Lacan regresa de los Estados Unidos y habla acerca de de Noam Chomsky. Nosotros conocíamos el trabajo de Chomsky…  entonces supusimos, que seríamos capaces de encontrar algo allí, un punto de apoyo.”
Es interesante pensar que cuando Lacan menciona al lingüista Noam Chomsky, quien fue el precursor de la revolución cognitiva en psicología, pareciera que usted y sus amigos casi suspiraron aliviados: He aquí algo que conocemos.
Laurent ríe: “Sí, eso es cierto, pero el punto de vista cognitivo de Chomsky es muy diferente al modelo teórico que está implícito en la terapia cognitiva. La manera más sencilla de explicar la diferencia es a través de la pregunta acerca de si la experiencia humana puede ser reducida al aprendizaje. Chomsky lo ejemplificaba en relación al lenguaje declarando que su infinita complejidad no podía ser explicada solamente en términos de aprendizaje. Dentro del sistema lingüístico, Chomsky señalaba que pueden ser creadas y comprendidas un infinito número de oraciones cuya existencia no puede explicarse solamente a través de un sistema finito de aprendizaje.
“De manera similar, los más grandes matemáticos afirman que no han aprendido matemáticas sino que se tropezaron con ella o se zambulleron en ella. Ellos sólo aprendieron las técnicas, pero la esencia de las matemáticas no es algo aprendido. En sus biografías, muchos matemáticos, cuando intentan describir ‘cómo funciona,’ hacen uso de términos que se relacionan a un acceso a un mundo infinito de ideas que existe en alguna parte, externo a ellos. Entonces, tenemos lo infinito en lingüística y lo infinito en matemáticas y también tenemos lo infinito en la experiencia psicoanalítica – en la contradicción entre la repetición del modelo de su vida y la aparición de una nueva experiencia, a través del aparentemente infinito proceso de repetición, algo nuevo será descubierto.”
Me gustaría aprovechar esta oportunidad para solicitar una formulación para “laicos”. Entre psicoanalistas, qué significa cuando alguien afirma que es un psicoanalista lacaniano?
“Responderé de manera muy simple. En la década del 50 había un debate en el movimiento psicoanalítico acerca del inconsciente: ¿está hecho de trazos biológicos? ¿Está adentro nuestro? ¿Está por fuera nuestro? Lacan propuso que el inconsciente es un sistema que no está adentro nuestro, sino que al igual que el lenguaje se encuentra por fuera. Tenía esta frase: ‘El inconsciente está estructurado como un lenguaje.’ No se refiere al lenguaje en un sentido lingüístico, sino al hecho de que está allá afuera, en el exterior. Reaccionamos a un sistema que no es nuestro cerebro y esto no sucede a través del pensamiento, pensando en él, sino que estamos sujetos a sus influencias sobre nosotros”
Para Laurent, el intento de los investigadores del cerebro por situar la manifestación del inconsciente en mecanismos cerebrales, dentro del cuerpo, en lugar de externo a él, pone al psicoanálisis en riesgo al adoptar una falsa perspectiva. Esta perspectiva depende de una reducción a lo físico, en la cual el encantamiento especial de un inconsciente que existe por fuera nuestro – y cuya influencia es evidente en todas nuestras relaciones – estará perdido.
En el lobby del Dan Hotel, vestido con un saco Laurent, obedece las instrucciones del fotógrafo del Haaretz, Ilya, mientras toma su cámara y murmura para sí mismo algunas frases sobre la toma. En ese momento, Ilya, se disculpa con Laurent “Disculpe, estaba hablando conmigo mismo” a lo cual Laurent responde al instante “Siempre hablamos sólo para nosotros mismos”
Creyendo en Santa Claus
Laurent es crítico del intento actual de proponer una conexión entre el psicoanálisis, los investigadores del cerebro y las ciencias cognitivas. En este libro no duda en embatir contra figuras clave que están al frente del intento de integrar ambos campos, como por ejemplo el psicoanalista Peter Fonagy y el investigador de la memoria y premio Nobel Eric Kandel.
Laurent ubica dos principales peligros en los intentos de interconectar ambos campos. El primer peligro es la reducción del sujeto humano al organismo biológico o en las palabras de Laurent, a cierto tipo de automatón.
El segundo peligro es la pérdida de la duda psicoanalítica sobre la existencia de una autoridad externa, sea ésta la ciencia o la naturaleza, que experimenta la reconstrucción “de una creencia en Santa Claus” de la que el psicoanálisis ha luchado por liberarnos”. Sin embargo, cuando los hallazgos científicos pueden ser útiles al abordaje psicoanalítico, Laurent no los rechaza absolutamente.
Un descubrimiento de los investigadores del cerebro que despertó un inmenso interés entre los psicólogos fue en la década de 1990 aquel referido a las llamadas “neuronas espejo”. Se trata de células nerviosas que reaccionan de la misma manera en la persona que realiza una acción y en la persona que observa a alguien más realizando dicha acción. En otras palabras, en términos de actividad celular, el comportamiento de otra persona es “reflejado” como si fuera el comportamiento del observador.
¿Cuál es su punto de vista acerca de la rápida incorporación de las neuronas espejo por parte de los psicólogos como prueba de la naturaleza innata de la empatía?
“Para empezar, podría funcionar como una crítica a la empatía como un proceso de pensamiento (en lugar de algo más innato). No se trata de imaginar qué sucede en la mente del otro; es automático, se trata realmente de algo en mí que me identifica con el otro. Estoy atascado en el espejo. Lacan dijo “Usted piensa que está mirando la televisión, pero es la televisión quien lo está mirando” Su visión está “apresada” en la mirada del televisor o del espejo. A través de esa imagen, usted se ve a sí mismo. Nos relacionamos con nuestro doble, con la pantalla que nos observa e hipnotiza. El descubrimiento de las neuronas espejo nos muestra que somos más camaleónicos de lo que nos imaginábamos. Los camaleones son observados por el objeto y cambian de color en relación a lo que es proyectado sobre ellos, y en cierto sentido nosotros también somos así.”
¿A dónde cree usted que esto nos lleva, siendo que actualmente llevamos pantallas con nosotros a donde quiera que vayamos?
“En un cierto sentido, tenemos en la mano los medios de control sobre nosotros. Somos observados desde cada pantalla y esto resuena con el sentimiento de que Dios nos está observando. Al mismo tiempo, estos instrumentos son algo maravilloso en el sentido que contienen nuestra vida entera – las fotos, los sonidos, los escritos – todo ello contenido digitalmente en una única y solitaria máquina. Esto puede ofrecernos un modo de vivir mejor nuestras vidas, pero al mismo tiempo introduce un juicio sobre nuestras vidas en cualquier momento. La pantalla nos observa y parece preguntar  ‘¿Hizo usted lo correcto para maximizar su vida hoy? ¿Fueron sus acciones tan buenas como aquellas en su MacBook?’
“Ese es el miedo. Tan pronto compro mi última MacBook, sé que en California, Apple ya está preparando la nueva generación. Cuando compro mi iPhone 4S ya es obsoleto porque habrá un iPhone 5, que tendré que comprar si quiero preservar mi capacidad. De este modo los aspectos técnicos de estos aparatos pueden ser simultáneamente excitantes, desarrollar y expandir la vida y al mismo tiempo ser signos de muerte.
“Del mismo modo que los fenómenos que podemos observar en ciertos países donde los adolescentes se encierran en sus habitaciones y se aíslan de todo tipo de comunicación con el mundo que no sea a través de la computadora. Esta puede ser la vía de volverse globales pero también la vía de cerrarse y quedar por fuera del mundo.”
Euforia inicial
En la conferencia en la Universidad de Tel Aviv usted habló sobre el nuevo camino emprendido por las neurociencias. ¿Teniendo claro que no es realmente posible crear un modelo de la mente, cree usted que el cambio se dirige hacia la sustitución con prótesis, como por ejemplo un brazo robótico o un ojo artificial que están conectados y controlados por el cerebro?
“Si. Cuando se conversa con los investigadores del cerebro, se registra que un cambio ha ocurrido. Ha habido un cambio de las preguntas sobre cuestiones básicas – desde el intento de crear un modelo comprensivo sobre el funcionamiento del cerebro a la investigación aplicada al intento de construir en el menor tiempo posible, prótesis que serán capaces de ayudar a personas con discapacidades.”
¿Usted ve esto como un cambio en el cual la ciencia dejaría lugar para el inconsciente?
“Si, hasta un cierto punto. Luego de la euforia inicial, en la cual se imaginó que se podría lograr mucho en muy poco tiempo, no parece ser que las ciencias del cerebro hayan dejado de lado la idea de un modelo funcional de la mente. La corriente principal actualmente está focalizada en herramientas aplicables a un uso práctico.”
La ‘nueva psicología’ del capitalismo
El día de mi conversación con Eric Laurent, la Revista Haaretz publicó un artículo de la Profesora Eva Illouz titulado “Una mente correctamente manejada” ‏(15 de Junio). Laurent cita de este artículo: “¿Por qué el neoliberalismo funciona tan bien como sistema ideológico? Porque calza como un guante con la visión mundial dominante en tantos países del Oeste y promovida por la psicología popular: somos responsables de nuestros fracasos.”
Dejando el periódico de lado, Laurent afirma “Yo diría lo contrario: es el capitalismo quien ha creado para sí una nueva psicología a la medida de sus necesidades. Esto forma parte del corazón de la burocracia y del modo en el cual la medicina está construida, dentro de las nuevas estructuras de poder que controlan los países desarrollados. El sistema médico completo se ha convertido en un modo de ejercer el poder y catalogar a las poblaciones, para ubicarlas en un nuevo orden que se ve directamente afectado por la ciencia. Eva Illouz se refiere a las estadísticas del número de psicólogos en los Estados Unidos y la estadística de la “industria de la salud”, las cuales considera como dos entidades muy distintas. La psicología y en una medida mucho menor el psicoanálisis, son sólo una parte muy pequeña de aquello en lo que se ha convertido la medicina.”
Desde la experiencia personal de Laurent, el psicoanálisis fomenta en realidad el revolucionarismo social. En relación a su análisis con Jacques Lacan, relató que en el pasado el Dr. Lacan no le permitió perderse ni una sesión de análisis, ni siquiera por una de las manifestaciones que se realizaban en ese tiempo: Ese fue el período de las manifestaciones estudiantiles en Paris de los años 60. Para Laurent una de las cuestiones que pone aparte al psicoanálisis y lo diferencia de los abordajes de la psicología cognitiva es la posición en relación a los aspectos morales y éticos de la existencia humana.
“Freud nunca ignoró el hecho de que más allá de la cuestión de aliviar el sufrimiento, hay también cuestiones de ética y moralidad,” afirma “Cómo vivir una vida consistente con la moral – ‘trabajar y amar,’ cómo él ha dicho − y al mismo tiempo rechazar las falsas ideas de moralidad contemporáneas.”

Traducción por Cecilia Rubinetti

quarta-feira, 8 de agosto de 2012

Qué decimos al decir Lacan


La desorientación masculina, la recepción de Lacan en Oriente y especulaciones sobre por qué las mujeres sostendrán la práctica analítica de este siglo, en un diálogo exclusivo con el psicoanalista francés Jacques-Alain Miller.

POR PABLO E. CHACON

El desorden de lo real es la propuesta para el IX Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) que tendrá lugar en París, en 2014.Jac-ques-Alain Miller es el albacea de los textos y el archivo de Jacques Lacan. Y quien está ordenando y estableciendo sus seminarios. En esta entrevista exclusiva con Ñ, realizada durante su reciente visita a la Argentina con motivo del VIII Congreso de la AMP, Miller descubre por qué las mujeres seguramente sostendrán la práctica analítica en el siglo XXI, se refiere a la desorientación masculina, poco menos se disculpa de no haber visto la película Shame y explica qué quiere decir cuando dice “real”, concepto acaso tan difícil de atrapar como el de goce femenino.

-El orden simbólico no es más lo que era. ¿Podría decir qué era y lo que será?
-La declinación del orden simbólico no es un axioma del psicoanálisis. Los cambios se constatan, están en todos lados. En la actualidad, hay otra idea de familia, otra práctica, otros conceptos. El de hoy es un nuevo mundo. La función del padre no es la de antes. Eso se dice desde la Revolución Francesa. No hay que olvidarse que se le cortó la cabeza al rey. Y que la Revolución Industrial fue otro punto de inflexión. Es cuando empieza a hacerse sentir el poder del capitalismo, los efectos que Karl Marx describió tan bien: hacer desvanecer lo que parecía estable, inmóvil. Entonces podría decirse que el padre ya no tenía la gloria social y legal anterior. Y con una cierta igualdad de condiciones que la revolución favorece, la idea del pater familias, que viene de la Roma antigua, se encuentra recortada. Balzac, en sus novelas, señala la caída de la imagen paterna a mitad del siglo XIX.

-En “La mujer de treinta años”, en “Papá Goriot”…
-Exactamente. La paternidad, en esa novela, está degradada. Y eso pareciera que cada generación lo redescubre. Un siglo después, Hannah Arendt escribe un artículo sobre la declinación de la autoridad en los Estados Unidos. Esto es parte del derrumbe progresivo de un orden simbólico que era fuerte, antiguo. Lacan, que formalizó el Edipo, a la vez dijo que –como está jugada– en la historia contemporánea el padre no tendría siempre la dirección del show, del espectáculo. Eso no podrá mantenerse. Y en eso estamos. Lo vemos en los casos clínicos. Ahora, el padre y la madre son iguales en las decisiones fundamentales que toma un analizante. Pero siempre puede decirse que los símbolos son semblantes o construcciones: es una construcción nuestra idea del tiempo, del espacio, de la política, etcétera; construcciones que empezaron, y que pueden terminar. Eso lo desarrolló Ludwig Wittgenstein con los juegos de palabras. De otra manera también lo hizo Michel Foucault. Y de otra manera Ian Hacking. Se trata de representaciones simbólicas que se mueven, al contrario de lo real, que queda en su lugar. Pero creo que debemos avanzar en la idea de que lo real también está tocado. Ese es el paso.

-Lo real está tocado por la técnica
-Por la técnica, porque la técnica se metió con lo real, con eso que parecía fuera de nuestra acción, de nuestras posibilidades. Pero la civilización ha penetrado en la fábrica de lo real. La prueba misma es que podemos hacer desaparecer el planeta con una bomba. Podemos destruir la naturaleza. Alterar el clima. Y ahora, hasta cambiar la especie humana, como piensa el filósofo alemán Peter Sloterdijk; cambiarla por una especie de superhumanidad… lo felicito por su optimismo. La cuestión es que se ha logrado entrar en una zona completamente desconocida. Eso tiene consecuencias para pensar a nivel de la experiencia analítica. Lacan lo ha pensado mucho en la dimensión simbólica. Pero a nivel de lo real, de lo que resiste a la simbolización, queda algo que es superreal. No es un límite absoluto. Eso se condensa más y más. Pero se percibió bajo el rostro de la destrucción. Pasar de las “guerras amables” entre ejércitos a la destrucción masiva de poblaciones civiles… eso es imparable. El movimiento mismo de la ciencia parece el espectáculo de la pulsión de muerte en acción. Pero tratemos de decirlo de manera menos romántica: se ha tocado lo real. 

-¿Cómo saberlo, cómo detectarlo?
-Bien, la idea más sofisticada de lo real en la física matemática es la mecánica cuántica. Y hasta hoy, los físicos y los filósofos se pelean para saber de qué real se trata en esa mecánica. No hay acuerdo. Eso disgustaba a Albert Einstein. Pero es un terreno fecundo para las ideas barrocas. Porque no se entiende qué cosa es ese real que se ha descubierto.

-Es como si no fuera nada.
-Algo así. Se pensó que podían ser los átomos. Hasta que se descubrieron partículas subatómicas. Nadie está tranquilo con lo real actual. Antes existía el materialismo. Se decía: es la materia. Sin embargo, la materia es muy distinta de lo que pensaba el materialismo del siglo XVIII, o el materialismo de Marx o el de Lenin. Eso tiene consecuencias para pensar nuestro real en la experiencia analítica.

-¿En qué sentido?
-Lacan formalizó el inconsciente como un tipo de sistema. La idea era la de un real científico. Haciendo grafos, mostrando, a partir de una serie azarosa de signos, cara y ceca de una moneda, se obtiene una serie azarosa. Y ha mostrado también que agrupando los símbolos se veía surgir una ley. Las posibilidades eran esas: una, dos, nunca ninguna de las dos, repetición. Esa fue la denotación de Lacan. El inconsciente era a nivel de esa ley: cómo los significantes se encadenan, la llamada asociación. Lacan demostró cómo se podían ordenar los casos de Freud, según ese tipo de conexión, entre unidades significantes. Eso es el inconsciente freudiano. Lacan definió el inconsciente, en cambio, a nivel de esa serie azarosa. En esa serie no se puede saber cuál será el próximo símbolo porque existe la contingencia. 

-¿Y en análisis?
-Lo que se produce de más íntimo en un análisis, es que nadie puede saber nada con anticipación; la idea de la ciencia justamente, es que todo se puede saber con anticipación, se puede prever, y que con una ley se puede decir “esto es posible”, “esto es imposible”. Si se piensa el encuentro entre dos seres a nivel sexual, por ejemplo, no hay una ley previa, no hay un programa; los animales sí lo tienen. Pero para la especie humana, a ese nivel, hay una parte del programa que no está escrito. Es lo que Lacan nombra ausencia de proporción sexual. Hay un agujero en lo real. Lo real del sexo, en la especie humana, no dice nada; existe la contingencia, el encuentro, la invención, la construcción, los semblantes: el matrimonio, en algunas culturas es una sola mujer, en otras culturas son cuatro, en otras una más, tres escondidas. Cada cultura tiene su originalidad. Pero no se encuentran perros que copulen de una manera en China y de otra en la Argentina. En la naturaleza existe una constancia. 

-¿Ninguna constancia para el viviente? 
-Lo que parece una ley general es que los primeros encuentros con el goce del cuerpo dejan marcas que no se borran. Eso es muy curioso. Porque esos encuentros son azarosos. En las estructuras clínicas, el encuentro con el goce es algo desmesurado, no previsto. En general, es traumático y deja una marca. Debajo de las conexiones significantes se puede encontrar ese punto. Y se debe encontrar. No se puede deducir. 

-Una curiosidad… ¿usted vio la película “Shame”? Se cuenta una historia…
-Ni se le ocurra contármela, la voy a ver. Algo escuché de una adicción al sexo. En principio, recomiendo leer el último número de la revista Registros, dedicado a los hombres. Está muy bien, y es muy divertida. Los hombres son los antiguos amos, caídos, degradados. Por la emergencia de las mujeres. Y aunque esto es relativamente reciente, los antiguos amos se encuentran desorientados. Los hombres no se ubican bien frente a la femineidad emergente, que reivindica un cambio en muchas categorías. La cultura está armada para controlar el goce femenino, que es incontrolable. Pero desde el comienzo de la civilización, ése era un factor que había que dominar, encuadrar, controlar. Pero cambiaron los tiempos. El diablo ahora saltó.

-¿El diablo?
-El goce femenino, sí, que tiene el poder de perturbar todas las categorías. Las culturas pueden pensarse como maneras de encajonar al goce femenino. Sin éxito. Se feminizan las profesiones. ¿Y por qué habría que resistir la feminización? Seguramente las mujeres sostendrán la práctica analítica en el siglo XXI. Lacan decía que las mejores analistas eran las mujeres. Y también las peores. 

-¿Qué piensa usted de la sociedad del espectáculo que teorizó Guy Debord?
-Debord era una manera de tratar la vida cotidiana como hecha de semblantes. Pero terminó suicidándose. Supongo había encontrado algo que no era espectáculo.

-Lo real…
-Puede suponerse. A veces, los espíritus más ágiles, los más irónicos de una generación, terminan aplastados. Se los traga algo bajo la frazada. Eso es el saber del analista. Cuando sabe que puede venir el hombre de negocios más exitoso, y en el consultorio mostrar otra cara. 

-Hubo mucha gente, como nunca, en el Congreso de la AMP.
-Fue una alegría ver tanta cantidad de gente, tantos jóvenes. ¿Qué decir? Que hay una llamada posible al psicoanálisis para responder a los trastornos contemporáneos. Y creo que a medida que la sociedad de control se refuerza, los impasses que provoca le han dado al psicoanálisis una nueva urgencia, ya sea a nivel terapéutico o del pensamiento.

-¿Su opinión sobre las nuevas tecnologías de comunicación?
-Es fundamental, positiva. Hace años, cuando se introdujo internet en nuestros intercambios, en 1994, recuerdo haber escrito una intervención en el avión que me traía a Buenos Aires, diciendo que íbamos a ver tres edades en la AMP. Escribirse cartas, mandar postales. Eso no permitía la vida de una asociación mundial. Era demasiado lento. Después, la segunda edad: el fax, que permitió crear la Escuela Europea de Psicoanálisis. El fax permitía incidir sobre un número de grupos y secciones de España e Italia con cierta rapidez. Con el correo electrónico tuve la impresión (que antes no tenía) de que era el instrumento que iba a permitir crear la AMP. Además de permitir publicar sin las limitaciones del papel. Eso no se hubiera podido decir antes de estas nuevas tecnologías.

-¿Por qué el psicoanálisis tiene mayor repercusión en los países católicos que en los protestantes? 
-Siempre fue así. Lacan era escuchado en Francia con muchas dificultades. Y tuvo algunos alumnos en Bélgica y en Italia. Dos veces estuvo en España pero entonces los españoles no iban a analizarse a París. El fin del franquismo político ocurrió después de la muerte de Lacan. 

-¿Y los argentinos?
-Lacan conoció a Oscar Masotta. Me lo presentó como “mi discípulo, mi alumno”. Pero es en 1978 que llegan a París los primeros argentinos para ver a Lacan. Ese movimiento recién empezaba y Lacan se estaba muriendo. Los argentinos que habían viajado eran Roberto Harari, que fundó Mayéutica; Jorge Chamorro, que está en la EOL, otros… Pero el encuentro decisivo, para mí, fue el que tuve con Diana Rabinovich, que me convenció de ir a Caracas, donde estaba exiliada. Estuve por primera vez en América latina en 1979, y conocí la importancia que tenía Lacan en el mundo latino. Fue la ocasión para descubrir otro mundo del cual no tenía idea. Y pensé que Lacan también podía conocerlo. Aceptó de inmediato, y a pesar de su edad, estuvo en Venezuela en 1980. Esa es una historia de países católicos, de cultura latina. En Alemania hay algunos grupos interesados en Lacan, desde el punto de vista intelectual. En Estados Unidos es apreciado en las universidades, por filósofos, críticos literarios, por los estudios culturales. Pero casi no acceden a su práctica cínica… por la cultura, el tipo de desarrollo, el estilo. Existen algunos grupos, pero casi como un fenómeno marginal. Europa del Este estaba congelada. Y cuando las cosas se abrieron, llegó la IPA (International Psichoanalytical Association) primero. Sin embargo, tenemos alumnos y analizantes en Rusia, y en los países bálticos, aunque allí también es muy fuerte la impronta norteamericana, que se opone a la clínica de lo singular. Estamos activos igual.

-¿Y en Oriente?
-Japón era un interés de Lacan. Los psiquiatras han traducido muchos seminarios, pero el país sigue siendo un enigma. El otro misterio es China, donde Lacan circula mucho. He tenido varias ofertas para viajar. No lo haré todavía. Seguro más adelante, por interés cultural, por saber cómo se transmite a Lacan. Hay analistas lacanianos que funcionan muy bien, se han formado en París.

-En China, tengo entendido, el individualismo no existe.
-Es cierto. Y tampoco en el psicoanálisis. Pero también es cierto que el capitalismo está en tensión en ese país comunista, y son los líderes de nuestro tiempo. Claramente existen fallas. China no parece ideológicamente estable. Por eso supongo que en las condiciones actuales, las autoridades no permitirían sino un psicoanálisis dócil al encuadre social y legal. Eso puede cambiar en el futuro. De hecho, cuando empecé la campaña para la liberación de la psicoanalista siria Rafah Nached, en el ministerio de Relaciones Exteriores de mi país me dijeron que lo más útil sería tener firmas de los últimos países amigos de Siria, entre los que estaba China. Y los diplomáticos no creían que eso fuera posible. Pero logré que algunos chinos firmaran un petitorio por la liberación de Rafah, si bien en términos generales, protocolares. Es una buena señal. Y demuestra que cuando todo es controlado por un partido, ciertas cosas empiezan a moverse lentamente. Por supuesto, si Lacan entrara en China, lo van a desear sin sal, querrán un Lacan “chino”.

-¿Cómo sería un Lacan “chino”?
-Hay que permitirles hacerlo. En principio, creo que quieren aprender de Occidente para desarrollar una vía “china” a Lacan. Pero para Lacan sería lo mismo. Si se apoderaran de su pensamiento, aprenderán qué pensaba Lacan, sus zonas inasimilables. El se interesaba mucho por el pensamiento de la antigüedad china. En ese punto Lacan también fue un adelantado.

terça-feira, 7 de agosto de 2012

Herbert Graf (1903-1973)






Em 1922, o pequeno Hans, com 19 anos procura Freud em seu consultório na Bergasse, 19. Diz o próprio Hans sobre esse encontro em uma entrevista a Francis Rizzo em 1972:”Quando eu era pequeno, desenvolvi um medo neurótico por cavalos. Freud fez um exame preliminar e dirigiu o tratamento, com meu pai como intermediário. Não lembrei-me de nada até anos mais tarde quando encontrei-me com um artigo no escritório do meu pai e reconheci alguns nomes e lugares. Em um estado altamente emotivo, visitei o grande doutor no seu consultório na Bergasse 19 e apresentei-me como ‘o pequeno Hans’. Ele levantou-se e abraçou-me afetuosamente, dizendo que não podia desejar maior comprovação das suas teorias ao ver o alegre e saudável jovem de 19 anos em que eu havia-me tornado.” Após o encontro com Freud em 1922 surge uma questão: Quem foi Herbert na vida adulta? Eu não sou um diretor cênico “brilhante” ao estilo de Reindhart ou de um Zeffirelli, e ainda que posso apreciar este tipo de virtuosismo, não é parte de minha natureza ou de minha meta. Sou filho de um professor, um trabalhador dedicado, um homem que sabe o que faz, que acredita que, certos aspectos desse saber operístico pode ser transmitido aos outros”
Ele foi um homem inovador e moderno para o seu tempo. Para alguns sua ambição foi considerada uma estupidez, mas isso não interferiu na determinação com que “criou” o seu caminho, desde a sua formação acadêmica, até criação da função de diretor de cena de ópera, que não existia antes dele.
Fez doutorado na Universidade de Viena defendendo uma tese sobre Richard Wagner. Estudou também natação bizantina, desenho cenográfico e canto.
Depois de se arriscar sem sucesso na arte lírica, assumiu a direção cênica da Ópera de Münster em 1925, aos 22 anos, lançando-se na carreira profissional com a ópera Fígaro.
Ao começar a carreira como diretor, aderiu a política de vanguarda, tendo com isso adquirido a reputação de “garoto problema”. De Münster seguiu crescendo e assumindo a direção principal em outros teatros de óperas na Alemanha. Seu trabalho se destacava pela modernização do repertório standart da época.
Com a proximidade da Segunda Guerra Mundial decidiu deixar a Alemanha, morando algum tempo em Basel/Suíça e Praga, de lá para os EUA
Em 1934/1935, com 31 anos, foi contratado pela orquestra da Filadélfia tendo como missão montar óperas encenadas com qualidade superior as apresentações standart do Metropolitan Ópera. Fora escolhido em função do seu trabalho inovador na Europa. Entre as inovações propostas: o cenário giratório para uma das óperas, e a montagem delas em inglês. Fora, em grande parte, aclamado pelo povo e pela crítica, mas não deixaram de haver aqueles que entendiam que a ópera havia perdido o rumo.
Esta foi uma temporada fértil na vida de Herbert. (P) Conheceu grandes mestres como Toscanini, que se entusiasmou e aprovou seus projetos originais.(P) Conheceu também, Bruno Walter que o convidou para montagem de uma ópera no Maggio Musicale em Florença. Esta oportunidade, fora para ele, um período de grande aprendizagem ao lado destes mestres.
“Jovem, escutei falar tantas coisas horríveis sobre ti, que até pensei que tinhas talento.
Frase de Bruno Walter no 1º encontro com Herbert Graf nos EUA.
Permaneceu, dezesseis anos, na Filadélfia. Atuou como diretor de cena em outros teatros dos Estados Unidos.
Da temporada americana considerava, no entanto, como trabalho gratificante aqueles que haviam realizado com outros diretores, com o objetivo de aproximar a ópera do povo.
Tinha como um de seus interesses a construção/reforma de teatros para abrigar ópera, tendo consciência, porém, das dificuldades que envolviam este empreendimento.
Foi um homem que ousou ser criativo num meio, predominantemente, conservador. Movido por esta atitude, chegou a fazer gravações para a T.V., mas defendia a ópera nos teatros. O trabalho que realizou na TV, obteve tanto sucesso, que só perdeu em popularidade para a transmissão de esportes. Vale lembrar que a transmissão por televisão estava recém começando.Com o fim da Segunda Guerra, permanecia mais tempo na Europa. A fama que conquistara com seu trabalho, levou-o a montar óperas em Verona, Milão, Veneza e Florença, onde trabalharia com Maria Callas. Considerava Florença seu “lar italiano”.
Numa das suas visitas à Europa, na primavera de 1946, Herbert retornou a Viena para visitar sua mãe e hospedou-se no Hotel Bristol. Da janela de seu quarto observou, estarrecido, as ruínas de uma famosa casa de ópera, “(…) um símbolo da cultura musical da Europa pisoteado pelas forças malignas do hitlerismo. Para Herbert, “ Minha tristeza ao ver o teatro foi aumentada pelas inesquecíveis lembranças da minha juventude”
Em 1960, aos 57 anos, a mudança para Zurique marcou o final da minha longa estadia nos EUA.
“A viagem demais de uma semana que separava o Velho Mundo do Novo Mundo tinha se convertido em um vôo noturno em um avião panamericano”.
Aceitou a administração do “Teatro da Cidade”, na expectativa de ter liberdade de escolha de repertório, desenhistas, músicos e horários de ensaio, diferente do que havia sido sua experiência no MET. Encontrou resistência ao propor mudanças, como montar óperas para jovens cantores. Desiludido com a tarefa apresentou sua renuncia em 1962.
Foi autor de três livros e vários artigos que tinham como temática principal o ensino, tanto do público como dos artistas. Defendia, todavia, que a sobrevivência da ópera dependia da criatividade
Apresentação no Scalla de Milão com Maria Callas. Em 1965, Herbert Graf transferiu-se para Genebra e assumiu a administração do Gran Théâtre de Zurique e seguindo, a do Grand Théâtre de Genebra, onde se sentia muito satisfeito com o trabalho realizado.
Em 1967 criou o Centre Lyrique, dando início ao projeto de construir uma escola de ópera, desejo acalentando por anos. Este projeto acadêmico, não só formava jovens cantores, mas também pretendia novamente aproximar à ópera através de apresentações continuadas..
Em 1971, então com 68 anos, Herbert fundou em Hellbrunn, no Festival de Salzburgo, um evento denominado Encontro Mundial da Juventude, com ópera, teatro e dança. Este projeto está ativo até os dias de hoje.
Surge ainda uma questão: como foi a vida privada de Herbert Graf?
Herbert tivera um primeiro casamento em 1927, aos 24 anos, com Liselotte Austerlitz. Dessa união nasceu Werner Graf, do qual não se tem informações.
Casou-se pela segunda vez em 1966, aos 63 anos com Margrit Thuering, com quem teve uma filha Ann-Kathrin que, como o pai e o avô, está ligada ao campo da arte, mais vinculada à direção de televisão e teatro. A filha relatou que, apesar das poucas lembranças que tinha do pai – estava com seis anos quando ele faleceu – disse ter uma imagem viva em sua memória: recordava o pai sempre em sua oficina, como também entregue na preparação de suas obras.
Atormentado por problemas conjugais retomou uma análise com Hugo Solms que o incentivou a apresentar-se a Anna Freud por ocasião de um congresso de psicanálise em Genebra, em 1970. Esta visita não teve repercussões.
Acometido por um câncer renal incurável, Herbert morreu em 5 de abril de 1973, em decorrência de uma queda, provavelmente provocada por vertigens, devidas ao seu frágil estado de saúde.

Herbert Graf (1903-1973)






Obs - Documentário amador sem locução sobre o caso clínico de Freud e a vida adulta de Herbert Graf, o pequeno Hans.
A primeira parte é sobre o caso clínico de Freud e a famlía Graf.
A segunda parte é sobre a vida adulta de Herbert Graf.
Esse material foi produzido para um evento sobre o pequeno Hans na Sociedade de Psicologia do Rio Grande do SulRoteiro:
Comitê de Psicologia Clínica da SPRGSComitê de Psicanálise de crianças de 3 a 6 anos.Direção e edição: Leonardo Della Pasqua (51) 9614.7005 leopasqua@hotmail.com

Agradecemos a colaboração da Revista Fort-da (http://www.fort-da.org ) pelas acervo de imagens e vídeos.

sexta-feira, 3 de agosto de 2012

Uma entrevista de Eric Laurent sobre a nova ordem simbólica no século XXI

 Entrevista feita à revista Agente Digital 
número 7 da EBP Seção Bahia:






O Supereu sob medida


@gente:
O debate epistemológico no século XXI inclui novos saberes, pergunto: com quais saberes os futuros psicanalistas terão que aprender a dialogar e quais seriam suas contribuições?

Eric Laurent:
O debate epistemológico para a psicanálise não é um debate que se passa no céu das ideias. É um debate crucial para a prática da psicanálise em si mesma. A psicanálise pode dialogar com certos saberes que levem em conta o inconsciente como dimensão essencial para uma experiência psicanalítica, pois a depender da concepção que se tem sobre o inconsciente, é possível dialogar com esse ou aquele saber. Quando Freud se deu conta de que a psicanálise tinha uma parte ligada à neurologia e a biologia de sua época, pode dialogar ao seu modo com a neurologia, e esse diálogo se chama "Projeto por uma psicologia científica". Em seguida ele dialogou com a biologia, e seu modo de dialogar com a biologia, foi descrever algo até então completamente desconhecido pela biologia e que ele chamou de "mais além do princípio do prazer".

Quer dizer que ele se endereçava a esses saberes, neurologia, biologia, mas para fazer surgir algo que era absolutamente desconhecido nestes campos. Ou seja, a neurologia conheceu esse princípio da psicologia que incluía o deslocamento da representação das palavras, e igualmente a biologia pode conhecer isto que era completamente estranho em sua época, a saber, a pulsão de morte. Atualmente, na biologia, se fala do processo de morte de células de um modo radicalmente novo com a noção de apoptose. A apoptose, que significa uma morte celular programada, é considerada como um dos mecanismos cruciais do organismo para a manutenção do vivente, porém, nada disso tem relação com a pulsão de morte. Mesmo que a apoptose traga à luz uma espécie de saber já inscrito no organismo, a pulsão de morte é algo completamente distante deste saber.
E Lacan, com o seu modo de ler Freud, acrescentou que esse traço, que estava presente no "Projeto", não possuía relação com a física, tal como Freud pensava, mas que respondia a outras leis, como demonstrou a prática da psicanálise, e que se tratava do significante. Que se tratava do significante e também de um furo. Um furo no significante, mas também um furo no corpo. É claro que uma vez que tomamos as coisas dessa maneira promove-se uma subversão entre a psicanálise e os saberes. É realmente importante levar os biólogos a compreender que o real deles sobre a morte é diferente da pulsão de morte e da dimensão subjetiva. Do lado dos lingüistas, é importante demonstrar que algo faz obstáculo na linguagem, e que a ideia de uma língua sem equívocos é um sonho que eles não conseguiram realizar.

Eu diria então que nosso diálogo com os saberes, inclusive com as neurociências, com as ciências que se prendem àquilo que se pode dizer com o significante, é no sentido de fazer valer os objetos que chamamos de irredutíveis a esse tipo de aproximação científica. É essa a meta da psicanálise. Assim como as ciências da linguagem focam a língua, assim como as ciências da lógica focam o real, assim como as ciências clínicas focam a singularidade radical do sintoma, nosso diálogo buscar apontar nossa irredutibilidade. Naturalmente, não implica em nos contentar com uma espécie de isolamento benigno, satisfeitos com nossa particularidade. Trata-se bem mais de saber como demonstrar nossa posição, na medida em que os saberes sempre se deslocam. Isso impõe que devemos nos informar, mas nos informar de tal modo a poder sempre fazer surgir o que há de irredutível nos fenômenos que compõem o campo da psicanálise, fenômenos que não podem ser abordados por nenhum outro saber.

Há, com muita freqüência na psicanálise, mesmo porque muitas vezes os psicanalistas não estão de acordo sobre como se colocar diante dos novos saberes, uma tentação de falar a partir do discurso da moda. Ou seja, em sintonia com o discurso dominante em um dado momento. Quando a física foi dominante em uma época havia a tentativa de alguns psicanalistas de incluírem a cibernética para tentar resolver os problemas da psicanálise. No momento atual, são as neurociências que surgem como campo de saber dominante, e logo surgiram psicanalistas que tentam criar a neuro-psicanálise, tentando copiar os modelos das neurociências. Assim como, quando a biologia fez seus avanços, um certo Hartmann tentou reduzir a psicanálise ao contexto da psicologia geral. Tudo isso nos mostra qual é a má maneira de dialogar.

Não se trata de tentar entrar na psicologia geral, na neurologia geral ou física geral, trata-se, para nós, precisamente de demonstrar que na civilização os saberes se acumulam, se substituem, se deslocam, uma vez que a própria civilização está em constante transformação e sempre há novos problemas a serem solucionados. Pois bem, a cada momento, nossa contribuição é de mostrar o que há de irredutível na experiência psicanalítica e, em especial, da relação àquele que a psicanálise chamou de falasser e de sua relação com o gozo. E, disso, ninguém mais além da psicanálise fala. Trata-se precisamente de trazer à tona a pertinência desses fenômenos e de demonstrar que eles não podem ser descritos por outras abordagens a não ser através dessa estranha experiência que é a psicanálise e que, apesar de não ser uma ciência, não pode existir sem a ciência.

@gente - Aprendemos com Freud que o supereu condenava o homem do século XIX a defender-se do gozo. Com Lacan, aprendemos que o supereu exigia do homem no século XX que gozasse à exaustão. E no século XXI, o que nos será exigido pelo supereu?

EL - A diferença entre o século XX e o século XXI é que os aparelhos de massificação não são, em hipótese alguma, os mesmos. Os aparelhos de massificação do século XX eram os da ciência laica e, sob o domínio da política. Eles provocaram um grande número de massacres e pesadelos dos quais a humanidade despertou com muita dificuldade. Isso levou a humanidade a elaborar um certo número de recursos, de sonhos, para substituir esse pesadelo, mas que acabaram por fracassar no final do século XX. Houve o sonho, tomando emprestado o nome do livro de Fukuyama, um sonho de "Fim da História", em que se pensava que, após ter passado por todo tipo de formas políticas, nada mais haveria do que variações da democracia liberal. Veio daí uma espécie de entusiasmo inebriado dos neoconservadores de levar a democracia a todo o mundo, fazendo guerras, mas que, no fundo, foi vivido como uma espécie de sonho de uma liberação de algo que ninguém sabia muito bem o que era. A evidência de um fim da história vai nesse sentido.
Mas, logo no início do século XXI, passamos por um evento crucial, os atentados de 11 de setembro nos Estados Unidos, onde um sinal como o de um despertador acordou o mundo para um novo tipo de discurso religioso, que bem poderia ser uma religião comum, mas mostrou ser uma variante política muito particular, o islamismo radical. Este se coloca como o inimigo do gênero humano, ao menos de todos os outros, tendo como única visão, restabelecer uma nova humanidade, projeto naturalmente delirante, que seria ela mesma resumida a converter todo o mundo à esse islã sonhado por um certo número de radicais. Trata-se da Jihad, a guerra santa, como um instrumento com o qual este objetivo seria alcançado.

Os atentados mostraram o tamanho do projeto e fez ver à humanidade que o sonho neoconservador sobre o fim da história não iria acontecer e que, ao contrário, teríamos que enfrentar algo como uma forma totalmente nova da manifestação da pulsão de morte. Ou seja, no coração mesmo da civilização, surgiu um pesadelo de outra ordem que aponta para uma posição absolutamente irredutível. Algo completamente separado de todo o sonho de uma humanidade unida em torno dos mesmos princípios neoliberais e que, no fundo, mostraram uma espécie de infantilidade ou embriaguez dos sonhos criados para a saída do século XX.

O século XXI traz então, por um lado, esse projeto de separação radical, uma humanidade separada do resto da humanidade e, por outro, uma espécie de conformismo de massa nas democracias liberais, onde o conformismo é feito sob medida. É esse o paradoxo, enquanto no século XX o conformismo implicava em "fazer como todo mundo", agora é, ao contrário, fazer cada um a seu modo. O paradoxo é que cada um terá uma tatuagem diferente, porém todo mundo terá um tatuagem, e isso porque o simbólico por si mesmo já não basta, é então preciso inventar coisas novas com o corpo. Porém, o fato de que todos terão que inventar sua solução particular não deixa de ser um modo de conformismo do mundo atual. "Marque-se cada vez mais!", "distinga-se dos outros cada vez mais!", "Seja o empreendedor de ti mesmo, você não é o empreendedor de mais ninguém". É isso a solução sob medida. E isso é uma variante do supereu que é paradoxal. Ao mesmo tempo em que se exige uma distinção absoluta, isso é feito a partir de um processo que é comum a todos. A experiência subjetiva no século XXI tem que lidar com esse supereu sob medida.

E isso não tem nada a ver com o século XX. Vemos como, no momento, as massas não mais se reagrupam em torno do Um, consequentemente, elas têm que se haver com o fato de que não mais existe o centro do império. Não mais existe o Um, existe o múltiplo. E vemos como isso afeta, por exemplo, as mulheres que passam a fazer parte desse todo, ou também quando percebemos esse sonho de um retorno à religião, presentes nesse ou naquele filósofo, como Sloterdijk, que sonha com formas religiosas novas centradas no múltiplo, sonhadores de uma espécie de religião sob medida para cada um e que, contudo, fizesse laço. Então, uma gama de pensadores diferentes tenta aprofundar o paradoxo de um laço que contenha, ao mesmo tempo, o múltiplo. E isso é, sem dúvida, uma forma do supereu no século XXI que faz com que cada um vá em direção ao seu mais de gozar sem poder se apoiar nos discursos já existentes.

@gente - Qual o futuro para as crianças submetidas aos imperativos das avaliações escolares e científicas?

EL - Essa pergunta é crucial, pois as crianças são o futuro. As crianças respondem com uma sensibilidade e vivacidade extremamente fortes a essas mudanças na civilização. É muito impressionante constatar o peso da educação, o peso do saber que se impõe, de modo cada vez mais pesado, à juventude. Lacan inventou a expressão astudé para os estudantes submetidos a essa forma de aprendizado em que o saber é reduzido à sua utilidade, um saber reduzido ao seu aparelho útil, ao que é útil para o país quero dizer, à economia, ao aumento das riquezas. A ciência não é mais a ciência fundamental, a dos engenheiros, que faz cortes, que permite encontrar soluções, uma ciência que não se mistura com as suposições de saber. Essa ciência, quando surgiu no século XVII, abalou a religião. A crença não foi mais o que era antes, é o que Pascal chamou de silêncio dos espaços infinitos. Deus se calou.

Contudo, isso acabou. Hoje vemos que, com os engenheiros das tecnociências, um movimento contrário desponta em que há uma recrudescência da religião. Surge o sonho de religiões novas. Por exemplo, os cientistas que se ocuparam da bomba atômica no Paquistão são místicos. Eles acreditam em um deus particularmente feroz para quem a bomba atômica não é nada mais do que um de seus instrumentos. Assim, os fundadores da pesquisa da bomba atômica paquistanesa puderam ler no Corão que as tempestades de brumas escritas nos textos sagrados eram previsões dos efeitos das explosões atômicas.

Por outro lado, o uso, pelo aparelho do estado, da educação para direcionar o aprendizado a suprir suas necessidades de técnicos de alto nível a qualquer preço não deixa de ter consequências. Temos como exemplo o fato de que, em Harvard, nos cursos de medicina ou física, mais de dois terços dos alunos que conseguem entrar são originários dos países asiáticos. Em países como a Coréia do Sul, os alunos desde os seis anos começam a preencher os questionários dos exames de Harvard que eles farão dez anos mais tarde para admissão. E eles são treinados com um método e uma disciplina de ferro. Esses casos são particulares, mas a lógica de fundo permanece, o mundo inteiro está entrando nesse novo regime do saber.

E o que é que se constata? Constatamos uma estranha mutação nos jovens de nossa humanidade. Enquanto, há vinte anos, as crianças iam a escola, no momento atual elas começam a desenvolver síndromes e transtornos de atenção que fazem com que elas estejam agitadas em permanência. A tal ponto que, em determinados locais da América, um terço da população de jovens é submetida ao uso de Ritalina ou Concerta por sofrerem de agitação. Essa mutação é, com efeito, um estranho fenômeno. Por que essas crianças que, há apenas trinta anos, conseguiam ir para a escola e não eram consideradas agitadas, agora são diagnosticadas como hiperativas?

Com certeza as crianças sempre foram agitadas. Foi por isso inclusive que os ingleses inventaram o esporte. Eles inventaram o esporte como forma de permitir que, pela manhã, os jovens pudessem ir à escola e, pela tarde, pudessem se afrontar agressivamente entre si. O futebol foi inventado para isso na Inglaterra. O problema é que o futebol se tornou um instrumento para o business global e vemos, com o escândalo atual da FIFA, que esse instrumento passou completamente para o domínio do capital envolvendo enormes quantias de dinheiro.

De todo modo, voltando à questão da juventude a atual, o problema é que não se sabe mais de que modo é possível conversar com essa geração. Por um lado eles, os jovens, se agitam e, por outro, se deprimem. É notável, sobretudo nos países asiáticos, as estatísticas de suicídio entre os jovens. Assim como, por outro lado, cresce de modo impressionante nesses países a recusa de ir à escola. As ditas fobias escolares, que anteriormente eram fenômenos marginais da educação, se tornaram fenômenos de massa em determinadas regiões. Hoje, encontramos jovens capazes de passar meses sem sair de casa. Esse fenômeno de massa, que não por acaso tem um nome japonês Hikikomori, marca o peso das exigências sobre a juventude asiática.

Temos, portanto, na juventude atual, a presença de fenômenos absolutamente inéditos, que vão da agitação hipomaníaca à depressão e o suicídio, que são a reação dessa juventude submetida a um regime inédito na história. Quando sabemos do sucesso nas livrarias que obteve, nos Estados Unidos, o livro Tiger Mom, em que uma jovem de sucesso em Harvard considera a educação frenética e implacável que deu a seus filhos como a verdadeira solução para a educação, vemos, com efeito, como surge a receita para uma educação suicida.

@gente – A palavra "ordem" está presente no título do próximo congresso da AMP. Essa palavra está presente na bandeira do Brasil – Ordem e Progresso – e tem a influência direta do positivismo de Auguste Comte. Por outro lado, a palavra ordem está presente também na nomenclatura de Lineu para explicar a hierarquização do ser vivo. Há igualmente uma ambiguidade da palavra ordem, tanto no português como no francês, que quer impor algo – dar uma ordem – e igualmente organizar. Por que então a escolha da palavra ordem se vivemos no mundo da desordem?

EL - O positivismo, precisamente, quis salvar um certo número de coisas, ele é também uma religião laica. Auguste Comte, em seu delírio religioso, fez de seu imperativo "Ordem e Progresso" algo especialmente delirante. De todo modo, a ordem sempre teve como oposto o caos. Dito isto, não se deve ceder à tentação de condenar toda e qualquer desordem. No fundo observamos que há um discurso atual dos nostálgicos da ordem do século XX. "Ah que saudade dos tempos da religião, dos tempos em que acreditávamos ainda no pai!", ou seja, do tempo em que acreditávamos ainda em alguma coisa enquanto que agora reina apenas a desordem.

Muito bem, não é disso que se trata. Nós temos que lidar como uma ordem ainda mais terrível que se impõe. Nós temos uma nova ordem que é imposta, não apenas pelos nostálgicos da ordem, mas igualmente pelas tentações securitárias que estão em toda parte. Temos que lidar com uma ordem policialesca que, em nome da luta contra o terrorismo, em nome da guerra contra a guerra, viola de todos os modos as liberdades públicas. Os nostálgicos da ordem são diferentes nos Estados Unidos, na Europa ou na América Latina, mas há tentações de impor-se a ordem e a vigilância em todos eles, inclusive nas democracias liberais.

Não se trata mais das tentações fascistas e neo-fascistas do século passado, quer seja as dos anos trinta ou as dos anos setenta na América Latina. Não é mais disso que se trata. Estamos submetidos à vigilância absoluta, a um olho absoluto, para nos servir de uma expressão do livro de meu amigo Gerard Wacjman, como única garantia possível para uma vida em comum, e isso sob uma ordem de ferro. Uma ordem de ferro que é exercida a partir das telas e câmeras múltiplas que fixam esse olhar e invadem nossa existência. Isso tudo faz parte das condições que determinam a nossa relação com o gozo e o superego no mundo atual.

Finalmente, para responder à pergunta sobre qual é a ordem no século XXI, eu diria que seria recusar os semblantes do caos para fazer surgir as novas formas de ordem requeridas pela sociedade da vigilância. E nosso modo de pensar essa sociedade da vigilância é demonstrando que há uma sociedade do sintoma. É o sintoma que organiza o mundo, e isso, para cada um. Isso é possível precisamente pelo fato de que o sintoma não é um caos. O sintoma não deixa de ter uma relação com aquilo que faz a unidade de nosso mundo. É o que Lacan quis dizer com o não-todo. O não-todo é uma forma de organização de nosso mundo. Uma forma paradoxal que temos que demonstrar.


quinta-feira, 2 de agosto de 2012

La ilusión del cientificismo, la angustia de los sabios. Por Eric Laurent. (París)




Las seducciones de la ilusión cientificista
La tecnología ofrece a las burocracias contemporáneas una potencia de cálculo sin igual. La ilusión cientificista consiste en soñar que un día, pronto, será posible calcular todo de una actividad humana reducida a comportamientos objetivables. Ya no se habla en mega o gigabytes, sino en tera o petabytes, siendo un terabyte el equivalente de 1.000 gigabytes y un petabyte el de 1.000 terabytes.
La biblioteca nacional representa aproximadamente 20 terabytes de texto. La base de datos de Wal-Mart, el Carrefour americano, representa 570 terabytes. Google trabaja en permanencia sobre 4 petabytes de información. La acumulación de datos hace enloquecer de una locura particular. Alimenta el sueño de saber todo de cada uno y de poder calcular lo que el otro quiere. Las herramientas estadísticas no suponen ningún saber clínico previo. La máquina se limita a rumiar datos (1). Diríamos con Lacan que las herramientas estadísticas son significante puro, tonto. Es su fuerza. La extensión de esta utopía en el campo de la medicina consuma la “medicina basada en la evidencia” en la que, sin referencia al saber clínico como tal, expertos estadísticos calculan mediante la comparación de muestras homogéneas las variables que aseguran el éxito o el fracaso de los tratamientos.
La paradoja de los éxitos de la MBE (2) es que no tratan del saber como tal. Para salvar vidas en el hospital, los promotores del “cero defectos” promueven el respeto absoluto a procedimientos que apuntan a evitar las enfermedades nosocomiales. Revisan sin cesar y obligan a reverificar los medicamentos distribuidos. Y para reducir las muertes en las unidades de cuidados intensivos: lavarse las manos con frecuencia y lavar los catéteres con antiséptico; ordenar verificarlos. El modelo es la industria de la aviación o la industria del automóvil, y la gestión Toyota. Es en la vigilancia de la pragmática de las curas dónde los protocolos seguidos mecánicamente obtienen los resultados más cristalinos. Ésta es también la razón de los límites encontrados. Sólo una pequeña parte de la clínica puede ser reducida y verificada mecánicamente.
Los partidarios más feroces del método MBE reconocen que parte de unas premisas difícilmente extrapolables a los pacientes reales: los protocolos para ensayos clínicos excluyen a esos factores de comorbilidad que son el lote de pacientes reales. Éstos atañerían a decenas de protocolos a la vez, que nunca se evaluarán conjuntamente. Fuman, beben café, toman medicamentos en cóctel, trabajan demasiado, respiran amianto, toman la píldora, etcétera. Las mejores bases de datos y sistemas expertos sólo producen el diagnóstico correcto en el 75% de los casos.
Cierto, la memoria de la base de datos es mejor que la de los sujetos individuales, pero un médico nunca está sólo y una verdadera conversación clínica se acomoda perfectamente a la consulta de una biblioteca estadística. Desde el punto de vista opuesto, vale más añadir al software las estimaciones de los clínicos expertos como elemento de un programa de un nivel superior, a condición de que se vean afectados de cierto coeficiente de ponderación. La mutación que debería atravesar la medicina es esa que el aviador ha conocido como el Fly by wire . Los pilotos intervienen sólo en caso de accidente imprevisto o por disfunción del aparato. No es seguro que la medicina pueda reducirse al modelo de la aviación en la medida en que únicamente una pequeña parte de los que hacen los médicos puede cuantificarse verdaderamente. Las catástrofes aéreas, como la del vuelo AF447 de Río, los llamamientos masivos en relación a la conducción, o los suicidios en empresa están ahí para recordarnos que sería extraño erigir la aviación y la gestión Toyota como ídolos.
El método estadístico no se limita a la medicina. Se interesa también en la justicia y apunta a desentenderse de los jueces. Por ejemplo, para apreciar el riesgo de reincidencia. En los EEUU, las leyes del estado de Virginia incluyen desde 2003, en primicia mundial, una cláusula que obliga a los jueces a mantener detenidos a los delincuentes sexuales cuando éstos tienen una puntuación superior a 4 en una escala de evaluación de la reincidencia. Es esta justicia enfeudada a los procedimientos cientificistas la que Robert Badinter denunciaba, en una tribuna reciente, por los peligros de la definición “de un régimen de seguridad fundado sobre la peligrosidad supuesta de un autor virtual de infracciones eventuales” (3). Luchaba contra la inscripción en la ley de un crimen virtual. Este infierno ya se ha realizado en Virginia.
De forma equivalente, en el campo de la educación, los expertos estadísticos tratan de imponer protocolos en los que el profesor no sería sino el recitador de un manual estándar de enseñanza debidamente evaluado y que debería seguirse al pie de la letra. Los enseñantes, los clínicos, los jueces bufan ante la destitución de su acto, todos testimonian del efecto de mortificación del deseo. Es una verdadera destitución subjetiva real.
El efecto real debe distinguirse del efecto imaginario de herida narcisista que puede producir la competición hombre-máquina dramatizada. Del narcisismo del clínico Lacan ya se había mofado en su sátira del que se cree el único que saber hacer. Cito: “Cet être le seul, justifie le mirage à en faire le chaperon de cette solitude” (4). Lacan apelaba pues vigorosamente a los clínicos expertos a formarse a las exigencias de la lógica propia al acto analítico. Esta lógica permite potenciar el acto yendo más allá del embarazo del narcisismo. Los algoritmos del cálculo masivo de lo íntimo producen el efecto inverso. Matan al sujeto ya que no dejan lugar alguno para esa angustia constituyente de la soledad del acto. “La cause du désir pour chacun est toujours contingente, c’est une propriété fondamentale du parlêtre” (5). 

La angustia de los sabios
Foucault rompe con una concepción de una historia de las ciencias reducida a una descripción de la “ortogénesis de la razón”. Rompe con la perspectiva de una búsqueda de criterios de cientificidad “a la Bachelard”, para interrogar más profundamente las condiciones en las cuales la racionalidad y la cientificidad pudieron ser instituidas como normas de verdad. Desde este nuevo punto de vista, apunta Foucault, “la distinción de lo científico y de lo no científico no es pertinente”. Así, la investigación sobre los criterios de cientificidad nos lleva más bien a considerar la forma bajo la cual la ciencia se atribuye la determinación no sólo de las normas de racionalidad, sino más generalmente de la verdad misma. Si ya no es únicamente la racionalidad lo que está en juego, entonces es la cuestión de la verdad la que se plantea. Es una cierta relación que el discurso, el saber, mantiene consigo mismo. La verdad, en este sentido, no es en adecuación a un objeto exterior, sino “effet interne à un discours ou à une pratique” (6, 7). En “El reverso del psicoanálisis”, Lacan nombrará este punto de recorte como “efecto interno” a un discurso como “goce” (8).
Se trata entonces de investigar el goce propio a aquél que viene a ocupar el lugar del agente del discurso del saber, el sabio como tal. Y esto, no desde una perspectiva sociológica o psicológica, sino como posición de goce. El sabio es escuchado desde ahí, tal y como lo ponía de manifiesto Max Weber en “El sabio y la política”. El sabio, en el sentido de Max Weber, tiene una relación al saber fuera-de-sentido. Jean-Claude Milner acentúa el carácter de indiferencia que liga sabio y saber (9). Esta posición no se sostiene según Lacan más que al margen de las crisis de la ciencia. Para hablar del sabio, Lacan nos habla de su angustia. En un primer tiempo habla, en “El triunfo de la religión” de la angustia del biólogo productor de las armas de destrucción masivas (10). También podríamos hablar de la angustia de los físicos en los años ‘50, entre los cuales el nombre de Robert Oppenheimer destaca particularmente. Biografías de Oppenheimer, aparecidas recientemente, dan testimonio de ello (11, 12).
Habría ahora que sumar, a los físicos y a los biólogos, a esos médicos inquietos por la potencia de destrucción del modo de prueba estadística que domina actualmente. La adopción del paradigma de la MBE ha producido efectos devastadores que se revelan hoy de forma cada vez más evidente. Un rotundo editorial, publicado en febrero de este mismo año por uno de los observadores más calificados de la medicina contemporánea (13), muestra como la palabra mágica “prueba” estadística se empleó como “justificación conceptual post-hoc para el nuevo mercado de crear y vender información clínica”. El efecto de adopción de los protocolos universales de prescripción ha sido la de “destruir la espontaneidad terapéutica de la psiquiatría y atenuar el arte de prescribir, que pasa así de ser creativo y flexible a ser mecánico y uniforme. En consecuencia, no tenemos necesidad alguna de que los prescriptores de psicotrópicos estén médicamente cualificados”. Se desvela que la supuesta Medicina basada en la evidencia es una medicina basada en el marketing (14). Esta nueva retórica de la prueba se confunde con la de la evaluación (15).
La psiquiatría universitaria anglo-sajona se ha tornado muy crítica con las tentativas de las industrias farmacéuticas para controlar todos los detalles de la concepción, la distribución y la validación de medicamentos utilizando en su propio beneficio el muy discutible procedimiento de los ensayos clínicos al azar. La cópula de los RTC(Randomised Chemical Trials), con la nomenclatura del DSM, produce un mixto de efectos angustiantes. El responsable del polo esquizofrenia en el seno del DSM-IV ha escrito: “El DSM ha tenido un impacto deshumanizante en la práctica de la psiquiatría. La narración de casos –herramienta central de la evaluación en psiquiatría– se ha reducido al uso de los cuestionarios DSM. El DSM desalienta al clínico a la hora de conocer a su paciente como individuo en razón de esta desafectada aproximación empírica. Finalmente, la validez ha sido sacrificada para alcanzar la fiabilidad. Los diagnósticos del DSM han dado a los investigadores una nomenclatura común –pero quizás sea una mala nomenclatura.
Aunque la creación de diagnósticos estandarizados para facilitar la investigación fuera un objetivo central, los diagnósticos del DSM no son útiles para la investigación a causa de su falta de validez (su ausencia de referencia verdadera)” (16).
Los responsables del grupo de trabajo del DSM III pueden confesar que la nomenclatura propuesta era “en realidad un batiburrillo de datos disparatados, incoherentes y ambiguos… de los cuales muy pocos son sólidos o han sido realmente validados” (17).
Los presidentes mismos de los grupos de trabajo de los DSM III y IV están extremadamente inquietos por el “nuevo paradigma” que quiere introducir el DSM V, que permitirá tomar en cuenta síntomas aunque se hallen a nivel infra-clínico.
En una carta abierta, denuncian el carácter arrogante y aislado de los responsables, los conflictos de intereses con la industria, el hecho de que más y más personas se van a encontrar con etiquetas psiquiátricas, y por tanto medicados por esta razón (18). Las disputas sobre el cambio de etiqueta de la mayoría de depresiones y trastornos bipolares son inseparables de la caída de los antidepresores en el dominio público y la ascensión de nuevos medicamentos bajo patente (19).
La editora del New England Journal of Medicine, la mayor revista médica del mundo como me lo decía un colega americano, da cuenta en los dos últimos números de la New York Review of Books de una serie de libros extremadamente críticos con el paradigma DSM/medicamentos/MBE (20).
Justamente, si estos libros habrían dejado a sus autores en el limbo de los suspendidos de invitación (por los laboratorios) a los grandes congresos dónde se establecen y difunden los nuevos paradigmas, hoy están en el centro del debate. Denuncian la famosa metáfora de la enfermedad como “desequilibrio químico”, recordando que no existe ninguno antes del desencadenamiento clínico y que es el medicamento el que lo provoca por su sustancia activa. Hablar del déficit de serotonina como causa de la enfermedad equivale a decir que todos los dolores están ligados a un déficit de opiáceos, puesto que los opiáceos alivian; que la causa del dolor de cabeza es la aspirina; que se constata, en los grupos de pacientes que reciben placebos, grupos en los cuales se reconoce una eficacia, que las recaídas son menores que en los grupos medicados, etcétera…
Llegamos incluso a preguntarnos si los efectos secundarios de “los antidepresores nos entristecen” (21).
Un sentimiento de sospecha general se ha extendido hoy sobre los dirigentes y los líderes de opinión que participan en este modelo dominante.
Lejos de las certidumbres publicitadas sobre las acciones específicas de los medicamentos, lejos de su aspecto “Magic Bullet”, el modelo diana/medicamento se encuentra hoy en crisis. Los medicamentos tienen efectos cada vez más individualizados.
El uso que de ellos hacen aquellos que los necesitan escapa a las limitaciones estrictas de los protocolos. El momento de angustia que atraviesa el modelo biológico en psiquiatría nos da una buena ocasión para recordar aquello que se presenta siempre como huída, deslizamiento, desvío, en la experiencia de goce de un sujeto. Hay siempre algo de clínamen en el sinthome que puede elaborar un sujeto en la experiencia psicoanalítica, con o sin el uso del medicamento. Ésta es la forma de construir el aparato de nombrar el goce de los fenómenos de cuerpo en una lengua propia, con o sin el sostén de los discursos establecidos.
Notas
1. W.M. Grove; M. Llod, “Meehl’s contribution to clinical versus statistical prediction”, Journal of Abnormal Psychology, vol. 115/2, 2006, pp. 192-194.
2. Abreviatura de ‘Medicina Basada en la Evidencia’, nota del T.
3. Badinter R., « Le retour de l’homme dangereux », Le Nouvel Observateur, 31 de enero - 6 de febrero de 2008.
4. “Este ser el único, justifica el espejismo que lo hace caperuza de su soledad”. El lector deberá advertir que el término chaperon tiene significados múltiples en lengua francesa, y remite no sólo a la caperuza, sino también a un casco de mallas, a la caperuza que se pone a las aves rapaces que sólo deja el pico al descubierto, e incluso a la tutora o aya de una joven mujer. Nota del T.
5. “La causa del deseo para cada uno es siempre contingente, es una propiedad fundamental del parlêtre”. Miller J-A, curso del 8 de diciembre del 2008, inédito.Traducción del T.
6. “Efecto interno a un discurso o a una práctica”. Nota del T.
7. M. Foucault, “Entretien avec M. Foucault, Il Contributo, janvier-mars 1980”, Dits et Ecrits IV, Gallimard, Paris, 1994, p. 54.
8. “(…) si las estructuras lógicas más radicales se vinculan efectivamente con ese pedículo arrancado al goce, se plantea a la inversa la cuestión de a qué goce responden esas conquistas que actualmente hacemos en la lógica. Como, por ejemplo, que no hay consistencia en un sistema lógico, por débil que sea, tal como se dice, que no indique su fuerza por un efecto de incompletitud, en el que se marca su límite. Este modo de mostrarse la deshicencia del mismo fundamento lógico, ¿a qué goce responde? Dicho de otra manera, ¿qué es aquí la verdad?”. En J. Lacan, El Seminario de Jacques Lacan, libro XVII, El Reverso del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 71.
9. “Le savoir est indifférent à l’objet ; en retour, l’objet est indifférent au savoir. Ce n’est pas l’objet su qui fait que le savoir est savoir ; il est l’occasion du savoir. (…)
Le savoir, lieu où personne ne dit rien sur rien et à personne. Lieu où de plus rien ne dure. Tout "accomplissement" scientifique demande à être dépassé et à vieillir » écrit Weber. (…)
De disparition en disparition, on pourrait autant dire qu’à l’étape finale du savoir, rien ne se passe qui ait un sens”.
“El saber es indiferente al objeto; paralelamente, el objeto es indiferente al saber. No es el objeto sabido el que hace que el saber sea saber; él es la ocasión del saber. (…)
El saber, lugar donde nadie dice nada sobre nada, a nadie. Lugar donde además nada dura. “Toda ‘realización’ científica necesita ser superada y envejecer” escribe Webber. (…)
De desaparición en desaparición, podríamos añadir que, en la etapa final del saber, nada de lo que sucede posee un sentido”. Traducción del T.
En J.C Milner, Le juif de savoir, Grasset, Paris, 2006, p. 64.
10. “Il y a une chose dont Freud n’avait pas parlé, parce qu’elle était taboue pour lui, à savoir la position du savant. C’est également une position impossible, seulement la science n’en a pas encore la moindre espèce d’idée, et c’est sa chance. C’est seulement maintenant que les savants commencent à faire des crises d’angoisse. (…)
Toutes ces petites bactéries avec lesquelles nous faisons des choses si merveilleuses, supposez qu’un jour, après que nous en aurions vraiment fait un instrument sublime de destruction de la vie, un type les sorte du laboratoire”.
EnJ. Lacan, Le triomphe de la religion, Seuil, Paris, 2004, p.74
“Hay una cosa de la que Freud no había hablado, porque era tabú para él: la posición del sabio. Es también una posición imposible, sólo que la ciencia no tiene aún al respecto el más mínimo esbozo de una idea, y es su suerte. Es sólo ahora cuando los sabios empiezan a producir crisis de angustia. (…)
Supongan que un día, todas estas pequeñas bacterias con las que hacemos cosas maravillosas, después de que realmente hayamos hecho de ellas un instrumento sublime de destrucción de la vida, va un tipo y las saca del laboratorio”.
11. A.J. Pais,Robert Oppenheimer: A Life. Oxford University Press, Oxford, 2006.
También: K. Bird; M.J. Sherwin, American Promeheus: the triumph and tragedy of J. Robert Oppenheimer, Knopf, New York, 2005.
P.J. McMillan, The Ruin of J. Robert Oppenheimer and the Birth of the Modern Arms Race, Viking, New York, 2005.
J. Bernstein, 2005 Oppenheimer: Portrait of an Enigma, Ivan R. Dee, Chicago, 2005.
12. R. Goldstein, Incompleteness, the proof and paradox of Kurt Gödel, Atlas Books, 2005, p. 239.
13. G. E. Berrios, editorial « On Evidence-Based Medecine », escrito el 17 de febrero de 2010 en:http://www.psicoevidencias.es/Novedades/Editorial/on-evidence-based-medicine.html.
German Berrios, peruano de origen, Profesor de Psiquiatría y de Historia de la Filosofía de las Ciencias en Cambridge. Es también redactor en jefe de la Revista Internacional de Historia de la Psiquiatría (International Journal of History of Psychiatry).
14. G.I. Spielmans; P.I. Parry, From Evidence-based Medecine to Marketing-based Medecine: Evidence from Internal Industry Documents, publicado el 21 de enero de 2010 en www.springer.com.
15. Laurent E., The perverse effects of EBM and the Remedies that psychoanalysis brings, en the Review (newsletter of the association for psychoanalysis and psychotherapy in Ireland), Issue 12, spring 2008.
16. N.C. Andreasen, DSM and the Death of Phenomenology in America: An Example of Unintended Consequences, Schizophrenia Bulletin vol.33 no. 1, 2006, pp. 108-112.
17. Intervención de Christopher Lane para la ceremonia de recepción del premio Prescrire 2010, el 7 de octubre de 2010, en: www.prescrire.org.
18. Psychiatric diagnosis - That way, madness lies, The Economist, 4 de febrero de 2010.
19. B. Carey, ‘Redefining mental illness - Doctors propose changes to manual of psychiatry, altering what’s ‘abnormal’, International Herald Tribune, 11 de febrero de 2010.
20. M. Angell, The Epidemic of Mental Illness: Why?, The New York Review of Books, 23 de junio de 2011.
También: M. Angell, The Illusions of Psychiatry, NYRB, 14 de Julio de 2011.
21. C. Schwartz, Do antidepressants Make You Sad?, The Daily Beast, 14 de junio de 2011.

Traducción: Héctor García.

Publicado en Pipol News nº 51. (08.07.2011)

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